martes, 1 de abril de 2014

Espaguetis en salsa de almejas, Pizza Pino y La Pantera Rosa


Parece ser que a todo el mundo le gusta la pasta, menos a mí que le tomé manía en mi primer embarazo a raíz de unos espaguetis que comí con el estómago levantado y todavía me dura. Entre eso y que tampoco me gusta el queso, mejor que no me invitéis a ninguna pizzería que si hay que ir voy pero no me encanta especialmente y además nunca sé qué pedir. Siempre soy la rara del grupo.
Pues como la vida es muy absurda, resulta que pusieron un Pizza Pino en la placita de mi urbanización, qué monería. O sea, te asomas a la terraza y allí están  ellos con su horno para las pizzas, su comedor, su mostrador y sus mesitas fuera llenas de gente comiendo pasta, pizzas, mirando el mar y de paso hablando a gritos con los niños correteando, que a los nenes hoy en día no se les puede decir que se estén quietos, no se vayan a contrariar.












Y mira que a mí me gusta una bulla más que a nadie, pero a ciertas horas y con gente extraña no es lo mismo. Por ejemplo, las siestas en verano con los cánticos de cumpleaños feliz, los brindis, la apertura de regalos. O las comidas de empresa, la gente con las copas se desinhibe una barbaridad, os lo digo yo. Y venga con los flashes de los móviles haciendo fotos a todas horas.
 Los sábados por la noche en cuanto entra el buen tiempo que aquí va desde abril hasta mediados octubre, es un no parar. Primero vienen los que cantan boleros más o menos a las once de la noche y si estás tomando un te o una copita en tu terraza tampoco está tan mal, aprovechas para canturrear Si tú me dices ven, Toda una vida, o Sabor a mí mientras disfrutas del espectáculo, todo muy romántico.











Después, los del Estilo Chunguitos, cantando eso de todos los días paso por tu calle a ver si te veo Carmen, Carmen, Carmen, voy a tener que emborracharme y cosas así. Lo mejor es cuando atacan con aquello de dame veneno que quiero morir, dame veneno. Siempre he pensado que una pizzería no es el mejor lugar para ese tema, sobre todo porque la única vez que comimos ahí pedí unas crepes de postre y me las sirvieron recalentadas. Malísimas. Tuve que protestar y me ofrecieron otra cosa. Eso. Para que me pongan el tiramisú que sobró el día de la inauguración unos cuantos años antes, que yo ya no me fío y siempre pienso que como les dé alguien unas crepes, se van a enterar los de Los Chunguitos.
 A continuación, tenemos un intermedio pero tan pronto como has cogido el primer sueño, te despierta el del saxo. Es el momento Careless Whisper. Entonces es cuando sabes que debe ser medianoche, no tienes que mirar el reloj ni nada. Siempre el mismo repertorio muy bonito aunque un poco largo, y toca bien el saxo soprano pero es que a mí nunca me ha gustado especialmente Kenny G. En cuanto suena La Pantera Rosa, ya te puedes dormir; es la última pieza y los domingos te despiertas tarareando de manera un tanto obsesiva la música del saxo que se queda por ahí rondando entre las neuronas.

No todo son inconvenientes, los del primero que viven justo encima, tienen suelo radiante gratis en invierno; en verano tienen ampollas en los pies si no se ponen las zapatillas de andar por casa. Y si obviamos las dos veces que han tenido que llamar a los bomberos porque salía humo a todo meter, con todos los vecinos fuera, los abuelitos, los nenes, las mascotas y los nervios... era divertido.
Digo era porque se fueron. Parece ser que les subieron el alquiler una barbaridad y ya no era rentable. Los echo de menos, para que veas.


Espaguetis en salsa de almejas

Ingredientes.
Espaguetis. 100 gr por persona.
1 cebolla.
2 dientes de ajo.
2 guindillas.
1 cucharada de harina.
1 vaso de vino blanco.
750 gr de almejas.
Perejil picado.

Elaboración.
Lavar bien las almejas y poner en agua salada media hora mínimo para que suelten la posible arena que traigan. Escurrir.
Trocear la cebolla y los ajos y sofreír en aceite de oliva en una sartén o cazuela baja, junto con las guindillas (son opcionales). Añadir la cucharada de harina y dar unas vueltas para que pierda el sabor a crudo.
Añadir el vino blanco y cuando espese, las almejas. Dejar hacer tapadas, moviendo de vez en cuando.
Cocer los espaguetis al dente, escurrir y salsear.
Emplatar, espolvorear de perejil picado y servir caliente.

Nota. Estas almejas no son salteadas ni a la marinera. En Málaga se llaman "mojete de almejas" y están muy sabrosas preparadas así.





domingo, 9 de febrero de 2014

Tortilla guisada, 'ponme pómulos' y otras frases que siempre he querido decir.


Hay frases que siempre  me han gustado, no por lo que puedan significar, sino porque me han hecho gracia, como: 'siga a ese coche'; '¿Es esto realmente necesario?'; 'esto no es lo que parece'; 'por encima de mi cadáver'; 'yo he venido aquí a hablar de mi libro' o 'ponme pómulos'. Y claro, siempre he querido decirlas, me ha parecido divertido jugar a ver en qué momento venían a cuento y ver la cara que ponía la gente.
Las hay con mayor o menor grado de dificultad, como la de los pómulos. Para decirla tienes que tener alguien que te maquille y eso no pasa todos los días. La primera ocasión que tuve de decirla fue cuando me llamaron de PTV, de un programa local que tenía Diego Gómez, para hablar del Juego Patológico.


Diego Gómez empezó en Radio Juventud de Málaga y era compañero de María Teresa Campos, quien luego dio el salto a la tele y se convirtió en 'chica Hermida', el que retransmitió la llegada del hombre a la luna como corresponsal en EEUU. Diego se quedó por aquí.  A Diego Gómez le gustaba mucho recitar, recuerdo cuando era pequeña su voz declamando en la radio "El seminarista de los ojos negros", una historia decimonónica de un seminarista y una señorita que ve pasar desde su balcón todas las tardes a los seminaristas que van de paseo y, al parecer se enamoran en la distancia y en silencio, hasta que una tarde ve pasar un entierro; era el seminarista que se había muerto, para abreviar. Las españolas de aquel tiempo lloraban a moco tendido por este drama ajeno que siempre es mejor que llorar por los propios. La radio era así.
Pues ese día llegué tan contenta a la entrevista pensando que por fin iba a poder decir los de los pómulos y resultó que no maquillaban a nadie.










 Durante la entrevista y de repente, Diego soltó:
- Y tú, con esos ojos, habrás convencido a más de un jugador para que deje el juego... Había inventado la oftalmoterapia, así como el que no quiere la cosa.
- Uh... Er... Yo... ¡Yo tengo mi título!-  contesté como una boba, mientras pensaba: ahora es cuando va y se lía a recitar lo del seminarista de los ojos negros, me da la risa y me echan. Pero no. Siguió hablando de mis ojos y de los ojos del resto de la gente. Reminiscencias del pasado, supongo.
 Volví varias veces más, pero quedamos en que él no hablaría de mis ojos y yo llevaría los pómulos puestos de casa.
Casi estaba resignada a no tener oportunidad de decir la frase, cuando me llamó alguien del equipo de Domi del Postigo, también ex-chico Hermida, de una emisora de televisión local, esta vez para hablar de las relaciones de pareja. Nos presentamos mis pómulos y yo a la hora convenida y ¡sorpresa! Me pasaron a maquillaje. Cosas de la vida, que cuando menos te lo esperas, salta un maquillaje.




De modo que me vi sentada frente a un espejo, con una maquilladora profesional rodeada de tarritos, pinceles, esponjas y borlas a mi lado y mientras trabajaba charlábamos. Cuando me puso el fondo de maquillaje, llegó el gran momento.
- Ponme pómulos, por favor - le pedí con mi mejor sonrisa.
- ¿Cómo? - preguntó ella a su vez, así como congelada en el tiempo.
- ¿Perdona? - repitió al ver que la miraba satisfecha como si hubiera llegado a la meta de una maratón y estuviera a punto de saludar a un público imaginario, brazos en alto y haciendo el signo de la victoria con los dedos ¡qué momentazo!
- Ay, lo siento, es que esa es una de las frases que siempre he querido decir. Y le conté lo de 'siga a ese coche' y todo lo demás.
- Ahhh...- dijo la pobre con cara de no entender nada.
- ¿Tú no tienes frases así, que te gustaría decir en algún momento?
- Pues no, la verdad - dijo ella pensativa.
- Pues yo sí. Y me quedé tan pancha.
- Bueno, pero ¿Te pongo pómulos o no te pongo pómulos?-, quiso saber ella echando mano de su profesionalidad.
- Venga, ya que estamos...
Al final, nadie se dio cuenta de que me habían puesto pómulos, pero eso era lo de menos, por fin había dicho mi frase que era de lo que se trataba. Todavía tengo pendiente lo de 'esto no es lo que parece', a ver si hay suerte.













Esta es una receta típica de aprovechamiento. Normalmente se hace para aprovechar las sobras de tortilla de patatas, yo la suelo hacer para aprovechar las sobras de las salsas. Ver la receta Aquí

Tortilla de patatas guisada

Esta vez no pongo ingredientes, sólo el procedimiento.
Si no tenemos restos de tortilla de patatas, hacemos una. Con cebolla o sin ella, como más nos guste.
Calentamos la salsa y cubrimos el fondo de una sartén o cacerola. Colocamos encima la tortilla y disponemos el resto de la salsa por encima.
Calentamos a fuego suave y eso es todo.

La salsa de tomate le va muy bien y una salsa de almejas a la marinera, mejor todavía.






sábado, 4 de enero de 2014

Cuscús de cordero... Y esto no es lo que parece...


Yo nunca corrí delante de 'los grises', los de la Policía Armada de tiempos de Franco, como parece ser que hizo la mayoría de este país de una determinada edad. Yo simplemente, me los tropecé un día del mes de febrero en el que el dictador había decretado el último Estado de Excepción que le dio tiempo a proclamar. Durante el Estado de Excepción quedaban suspendidos los pocos derechos fundamentales que teníamos por aquella época. Yo era muy jovencita y lo único que recuerdo es que estaba prohibido el derecho de reunión en las calles - la vía pública que se ha dicho toda la vida-, de más de tres personas; o sea que las familias numerosas tenían que desmembrarse para pasear, supongo; y de manifestaciones, ni hablar.










Íbamos mi madre y yo de compras al centro, así que fuimos a la parada del autobús de la línea nº 11, la que venía de El Palo. Los paleños, que piensan que viven en otro sitio, 'bajan a Málaga', no van al centro como los demás. Y cuando a los paleños les da por bajar a Málaga en autobús, a la altura del Paseo Reding, ya están todos llenos. En consecuencia, si no eres paleño te quedas en tu parada viendo como los autobuses pasan de largo una y otra vez.


Llegamos las primeras a la parada, qué suerte. Pero era uno de esos días de lo-sentimos-pero-vamos-llenos, vaya por Dios. Empezó a venir gente, se formó una cola que crecía por momentos, hacía frío y le dije a mi madre.
- ¿Y si nos vamos a la parada anterior que tendrá menos gente? A ver si así para algún autobús...
Me miró pensativa y eché a andar sin esperar. Mi madre se puso a mi lado. No habíamos dado ni treinta pasos, cuando me dí la vuelta. Los de la cola se habían dado cuenta y nos seguían. Apretamos el paso. Los demás también. Ya éramos más de veinte personas caminando a ritmo de marcha, sin levantar los dos pies del suelo, contoneando las caderas, sudorosos y con cara de pocos amigos.












De repente, dos grises.
- ¿Dónde van ustedes? Parón en seco.
- A la parada del autobús, dije yo poniendo cara de '¿Dónde vamos a ir?'
- ¿Todos juntos? Ya empezamos con las suspicacias.
- Es que en esa parada no paran los autobuses, éramos demasiada gente y como los de El Palo van todos...
- Está prohibido el derecho de reunión en la vía pública, disuélvanse, ordenó uno de ellos, cortándome el discurso y sin atender a más explicaciones. Nos había tocado la pareja de grises que tenía un mal día o los más tontos del cuerpo, una de dos.
- Que no, que no, que esto no es lo que paaaaa...
No pude acabar la frase, mi madre me metió de un puñado en el primer taxi que pasó por allí.
- Esto me pasa por hacerte caso, y a ver cuándo aprendes a no discutir; y con la policía menos que un día nos vamos a meter en un jaleo por tu culpa, niña, bufó mi madre mientras me sacudía agarrándome por un brazo, en eso era toda una experta.



Y así fue como me quedé sin decir una de mis frases favoritas que tengo para decir: esto no es lo que parece. Tengo muchas frases que ya he dicho, aunque esta todavía se me resiste. Pero eso os lo contaré otro día.


Cuscús de cordero

Esta es la receta tradicional y aunque es laboriosa, no tiene nada que ver con el cuscús preparado a base de remojar la sémola con agua caliente. No tengo nada en contra de esto, pero el cuscús que se cuece al vapor toma los sabores de la preparación de carne, verduras y garbanzos. Es el que a mí me gusta.
Por otra parte, maneras de preparar el cuscús hay tantas como cocineros, esta me la enseñó Layla un día que la puse a guisar para que dejara de llorar recordando su Marruecos. 

Ingredientes.
1 kg o 1,5 kg de cordero.
400 gr de sémola de trigo, tamaño medio.
1 cebolla grande.
250 gr de calabaza.
250 gr de zanahorias.
250 gr de nabos.
250 gr de calabacín.
250 gr de garbanzos remojados de víspera.
1/2 col.
1 pastilla de caldo de cordero Knorr (no es imprescindible).
Aceite de oliva.
Sal.
1 manojo de perejil.
Pimienta mezclada con jengibre y colorante a partes iguales.
Guarnición de cebolla caramelizada con pasas.
Almendras fritas.

Elaboración.
Rehogar en cordero en trozos en la olla con un poco de aceite, la mezcla de jengibre, pimienta y colorante. Añadir la cebolla en cuatro trozos, las zanahorias, los nabos, los garbanzos, el perejil, la sal, y la pastilla de caldo de cordero.
Cubrir de agua y cocer a fuego medio.
(Aquí es donde yo le pongo un tapón de corcho para que el cordero se haga antes, pero no es obligatorio, ya es una manía que tengo).
Cuando el cordero esté cocido, añadir la col a trozos grandes y la calabaza troceada. El calabacín se pondrá a última hora para que no se deshaga.

Preparación de la sémola.
Disponer la sémola en una cazuela de barro y rociarla con agua salada fría mientras la frotamos entre las manos hasta deshacer todos los grumos que se forman.
Colocar sobre el colador que encaja en la olla donde se cuece la carne para que se haga al vapor. Si no tenéis una cuscusera o keskés, cualquier vaporera sirve, siempre que encaje bien.
 Se puede hacer agujeros con el mango de una cuchara de palo para facilitar la entrada del vapor. No es necesario.
A los 10 ó 15 minutos, retirar el colador y volcar la sémola sobre la cazuela de barro. Volver a frotar entre las manos añadiendo más agua salada.Volver al colador sobre la olla.
Repetir la operación una segunda vez.
En la tercera y última vez, volcar un poco de aceite de oliva en el hueco de la mano para frotar la sémola, en vez de agua salada.

Para la guarnición de cebollas con pasas y las almendras. Opcional.

1/2 kg de cebollas en juliana.
250 gr de pasas de corinto.
Azúcar.
Canela.
200 gr de almendras.

Disponer la cebolla en una cazuela y cubrir de agua. Sólo cubrir, no queremos que anden nadando por allí. Cocer a fuego alto, moviendo de vez en cuando y destapada para que evapore el exceso de agua.
Cuando esté cocida, añadir azúcar al gusto, pero en este caso, más es más. Y canela también al gusto.
Lavar las pasas y añadir.
Tapar y dejar hacer a fuego medio hasta que esté todo caramelizado. Reservar en un cuenco.
Freír las almendras aparte y colocarlas en un cuenco.

Emplatado

En una fuente grande y redonda, colocar la sémola en forma de montaña. Cubrir con los trozos de cordero, las verduras y los garbanzos.
Colar el caldo y disponer en una sopera.

Servir

En cada plato, una ración de sémola con uno o dos trozos de cordero y las verduras correspondientes.
Regar con un cucharón o dos de caldo.
Poner una cucharada o dos de la cebolla con las pasas.
Adornar con un puñadito de almendras fritas.

Nota: Me contaba Layla que la guarnición de pasas, cebolla y almendras se ponía cuando el cuscús era 'de fiesta'.








viernes, 13 de diciembre de 2013

Cazuela malagueña de rape con almendras y una historia con final feliz


Mi amiga Marta es malagueña pero hace dos años escasos que vive en Madrid con Juan, su marido.
Después de pasar una jornada haciendo gestiones en el banco, el notario y de un agradable almuerzo con sus amigas, tomó el metro para volver a casa. Llevaba dos bolsas de Carolina Herrera que acomodó entre sus piernas en el asiento y puso en una de ellas el fular super estiloso que llevaba al cuello, de manera que sobresalía, no tuvo en cuenta el detalle.
Cuando se puso de pie para salir en su estación, la bolsa no estaba; sólo había una. Habían robado la bolsa donde precisamente llevaba documentación que no cabía en su bolso, la del fular. Llamó al marido que estaba en viaje de negocios y después fue a la Comisaría del distrito a poner la denuncia.

 Allí le preguntaron un montón de cosas, y le pidieron una descripción de lo que llevaba en la dichosa bolsa. Dio todos los detalles: la documentación, el fular, las medicinas de su suegra que también había metido en la bolsa... pero se calló lo de las bragas limpias de repuesto, que Marta suele llevar cuando sale 'por si acaso'. Es que no encontró la manera de decir con naturalidad ah, y también las bragas limpias de repuesto. Asegura que lo intentó pero no pudo.













En el portal de su casa se encontró a su vecino Manolo que había trabajado en una agencia de investigadores privados aunque ya está jubilado después de dos anginas de pecho y un infarto de miocardio. Le dijo que no dudara en llamarlo si lo necesitaba que los chorizos son mala gente.
El día siguiente, llamó la suegra por teléfono a Marta.
- Marta, hija, que aquí hay una mujer con una bolsa que dice que es tuya, que te la has dejado olvidada en el metro. Que en unos papeles del banco viene esta dirección, te la paso.
- Hola buenos días ¿Con quién hablo?, dijo Marta que es muy educada aun en las ocasiones más extrañas.
- Mire, que me he encontrado una bolsa que se ha dejado olvidada en el metro, y he venido a devolvérsela. En el banco no se han querido quedar con ella y como viene esta dirección, pues aquí estoy.
- Ah... Es que ya no vivimos ahí, eso fue mientras encontrábamos piso, ¿sabe?
- Bueno, pues usted dirá qué hacemos.
- Uhmm... ¿Puede llevármela a la parada del autobús que hay en la calle 'tal' del distrito 'cual'?
- Sí, pero tiene que ser esta tarde a las seis que yo tengo muchas cosas que hacer.














Llamó corriendo a su vecino Manolo que le dijo que no se preocupara que él y su sobrino Pedro estarían por allí discretamente, que con esa gente nunca se sabe.
A las seis menos cuarto estaba Marta sentadita como una niña buena en un hueco de la parada de autobús entre dos señoras mayores, una de ellas con una bolsa y bastante sorda al parecer.
- ¿Qué?, esperando al autobús ¿No?
- Pues sí. Marta no quería hablar mucho, por si aparecía la de su bolsa y no se acercaba al verla acompañada, cosas que nos pasan cuando vemos muchas pelis en la tele...
- ¿Cómo?
- Que sí, que sí, ¡esperando al autobús!
- Este bus que se acerca, ¿no será un 34?
- No señora. La otra señora que estaba con ellas, se subió al autobús. Ahora sólo quedaban la señora con dificultades auditivas y una Marta gritona y gesticulante.
Cuando por fin llegó un 34, la señora subió y como por arte de magia, había un chico con pantalones vaqueros sentado junto a Marta.
- Esa señora tan mayor, no era ¿verdad?
- Uy, qué susto me has dado. ¿Tú eres Pedro?
- Sí, tranquila. Mi tío anda por aquí... Se levantó e hizo como que miraba un escaparate de una tienda cercana.










Marta no recuerda en qué momento apareció la mujer con su bolsa de Carolina Herrera, que se sentó junto a ella. La miró con el ceño fruncido y le dijo que no estaba segura de que ella fuera la dueña de la bolsa, porque ni le había dado las gracias cuando la llamó por teléfono, que ella una vez perdió algo y cuando lo encontraron lo había agradecido mucho. Así que mejor que dijera lo que había en la bolsa porque si no, no se la daba. Con un par.
La sufrida Marta tuvo que recitar de nuevo el contenido de la bolsa y esta vez, ya de coraje, hasta lo de las bragas de repuesto.
- Ah, pues sí que parece que es usted la dueña. Le dio la bolsa y cuando Marta fue a comprobar el contenido, la mujer soltó:
- Está todo.
- Bueno, pues muchas gracias, muy agradecida, de verdad... mil gracias... no sabe cuánto se lo agradezco..., se enredó en repetir, no quería que le diera un tirón y le quitara la bolsa por desagradecida.











Manolo le había aconsejado que llevara algo de dinero por si le pedían una gratificación o así pero entre los nervios y que la mujer no dijo nada, salió pitando sin mirar atrás. Manolo la llamó al móvil alarmado porque no la veía. Marta iba en un taxi, el metro ha dejado de hacerle gracia.
Cuando llegó a casa, se tomó un tila triple y comprobó que, efectivamente, estaba todo.
Al final, ni Manolo ni Pedro; ni la suegra ni yo; ni Marta ni Juan su marido, hemos sido capaces de poner en pie esta historia. Emocionante, fue un rato...

Cazuela de rape con almendras.
Ingredientes.
1,5 kg de rape con su hígado.
1 cebolla.
2 clavos de olor.
5 ajos enteros y pelados.
600 grs de patatas peladas y a ruedas.
2 rebanadas de pan asentado.
Un puñado de almendras (15-20)
1 cucharada de pimentón dulce.
1 manojo de perejil fresco.
Harina.
Aceite de oliva virgen extra.
Agua.
Sal.

Elaboración.
Hacer un caldo con la cabeza del rape, dos dientes de ajo, el laurel y la cebolla pelada y con los clavos de olor pinchados. Colar, retirar la carne de la cabeza y reservar el caldo y el pescado.
Enharinar el hígado y freír. Reservar.
Enharinar las rodajas de rape y freírlas. Reservar.
En un fondo de aceite, freír el pan, los ajos y las almendras. Poner en el vaso de la batidora, añadir el perejil, parte del hígado y un cacillo del caldo. Triturar.
Disponer en la cazuela, añadiendo el pimentón y echar el caldo que habíamos hecho con la cabeza del rape.
Cocer ahí las patatas y cuando estén tiernas, añadir el rape frito y la carne que habíamos sacado de la cabeza cocida.
Servir bien caliente.
Nota: Se puede servir con parte del hígado que no hemos triturado pero es un sabor fuerte que no gusta a todo el mundo. A mí, me encanta así que me lo sirvo yo y todos contentos.





miércoles, 20 de noviembre de 2013

Caldero malagueño de pescado, el hermano en la fe o el día que comí dos veces.


Nunca pensé que Ezequiel el pescadero tuviera ese afán  evangelizador cuando fui por primera vez a su puesto del mercado. Comprar allí era como ir a una catequesis improvisada, que impartía mientras gesticulaba con los pescados, los evisceraba y te los cortaba como querías. Todo  muy bíblico. Él, su padre y su hermano tenían barcas de pesca y todavía no sé porqué nos tomó tanto cariño.

- Usted se va a venir conmigo a pescar en la bahía un domingo por la mañana tempranito-, le dijo un día a Manuel, que por poco se cae el suelo de la impresión.
- Uy, nonono, que yo me mareo mucho-, contestó Manuel poniéndose pálido.
- Es cierto-, apunté yo, que conozco desde siempre la persistencia de los mareos de Manuel- se marea desde el muelle, viendo cómo se balancean los barcos amarrados en el atraque... También se marea en el coche si no conduce él, y a veces incluso conduciendo... Vamos, yo creo que aprovecha que no tiene otra cosa que hacer para marearse de vez en cuando...
- Pero hombre, si eso no es nada, que uno se acostumbra-, insistió Ezequiel.
- Ah, pero no importa, yo no me mareo y me encantaría ir -, sugerí yo con la esperanza de que me llevaran.
- Señora, usted no se moleste, pero las mujeres no hacen nada en los barcos de pesca, ahí sólo vamos hombres.
Mi gozo en un pozo. Por lista.













Yo diría que ese hombre estaba predestinado por aquéllo de ser pescador, debe ser que lo da el oficio. El caso es que Ezequiel también sintió la llamada para convertirse en pescador de hombres pero de la iglesia Evangélica que, como suele pasar en todas las iglesias, siente predilección por los hombres. Hay más alegría por un pecador arrepentido que por una oveja descarriada hembra que vuelve al redil. Debemos estar en una proporción de 1 a 50 por lo menos, a favor de los hombres. Manuel se convirtió en su hermano en la fe. Yo me quedé en pariente lejana y gracias.

En vista que Manuel no se iba a convertir en pescador por el inconveniente de los mareos, Ezequiel se empeñó en que fuéramos a comer un sábado a su casa. Él, su señora y sus hijos estarían encantados de comer con nosotros a partir de las cuatro y media de la tarde, antes no podía ser porque tenían que recoger el puesto, limpiarlo y todo lo demás.



Como las niñas eran pequeñas, no podían esperar a comer tan tarde, comieron a las dos en casa. Yo había comprado mejillones, conchas finas y les hice una tortilla de patatas. Cuando me puse a darles la comida, me entró un hambre horroroso y empecé a picar de aquí y de allí: un mejillón al vapor que me encantan; una concha fina que me pierden; un trocito de tortilla que estaba buenísima... Ya no pude parar. Resultó que al final habíamos comido las tres. Tomé café y todo rematando la faena.

Y llegó la hora de marcharnos a casa del hermano en la fe. Manuel me miraba de reojo.
Nos recibieron encantados y amabilísimos.
- Espero que les guste la comida - dijo Ezequiel -, que ya me he dado cuenta que a usted le gustan los mejillones, la conchas finas, las coquinas... siempre la veo cuando compra en el puesto de la Rubia. Ezequiel no vendía marisco, sólo pescado.
- ¡Qué detalle! -, agradecí yo mientras contemplaba las dos fuentes tamaño XXL de mejillones y conchas finas que aparecieron en la mesa. Me sirvieron. Mucha cantidad. Me miraron ilusionados. Mucho. Manuel sonreía y me miraba divertido.
Ataqué con decisión y me lo comí todo.










- ¿Ves como ya te decía yo que es lo que más le gusta?- comentó Ezequiel a su mujer más contento que unas Pascuas.
- Venga, un poco más, que hay que reservarse para el caldero que ha hecho mi señora- Y me sirvió otra vez.
- Ay, no gracias, yo es que como muy poco -, me defendí como pude. En aquel tiempo yo no pasaba de los 48 kilos. Como el que oye llover: más mejillones y conchas finas. Manuel ya se reía a carcajadas con cualquier tontería que se comentara en la mesa. Empecé a sudar.
Cuando llegó el caldero, perdí el color.
- Esto es gloria pura- dijo no sé quién, y me sirvieron un buen plato. Yo sudaba más y cambié a un amarillo pajizo raro.
- Exquisito- dije yo porque era verdad pero ya no podía más, mientras me dedicaba a masticar y tragar; masticar y tragar, intentando pensar en otra cosa. Dice Manuel que ahí fue cuando ya me puse de un color verdoso muy feo.
El postre me lo perdonaron porque dije que yo nunca tomaba postre.
Cuando salimos de allí a las ocho de la tarde, llevaba un empacho que me duró dos días. Tardé mucho en hacer caldero, era pensarlo y me ponía malísima.




Caldero malagueño de pescado
Ingredientes.
Caldo de pescado. Ver receta Aquí
1 kg y 1/2 de pescado de roca.
Ajos sin pelar y dados un golpe.
Fideos nº 2
Aceite de oliva.
Sal.

Elaboración.
Preparar un caldo con el pescado y según la receta que indico.
Retirar el pescado, limpiarlo de piel y espinas y reservarlo.
En una paella o fuente de barro con un fondo de aceite, rehogar los fideos removiendo continuamente.
Deben dorarse, pero cuidado que se queman con facilidad.
Cuando estén dorados, añadir el caldo poco a poco y seguir removiendo.
Cuando los fideos estén al dente y hayan absorbido el caldo necesario (dependerá de la cantidad de fideos), retirar y dejar reposar unos instantes.
Servir con alioli y el pescado desmenuzado.









jueves, 17 de octubre de 2013

Peras al vapor al aroma de menta, el Máster en cuerpo de casa y Reina por un Día




Estábamos Bere, Mari Carmen y yo tomando una infusión en el jardín después de la cena. La noche estaba templada y un grillo cantaba por allí. Mari Carmen que ya había dado más de una cabezada dijo que se acostaba, así que entró en casa. A los cinco minutos, apareció con el barreño de la ropa lavada y se puso a tender como una loca, era la 1:10 de la madrugada, lo sé porque miré el reloj.

- Tita, por favor, ¿Te vas a poner a tender ahora?, dijo Berenice con cara de espanto.

- Es un momento, que si no mañana la ropa va a estar muy arrugada.
- Mari Carmen, mujer, que estamos de vacaciones... dije yo, un poco nerviosa.
- Tú no puedes estar todo el día trabajando, que es que no paras, siguió Bere con el tema.
- Mira, somos muchos y las cosas hay que hacerlas. Y siguió tendiendo como si fuera lo más natural del mundo.


Aquí está en modo "anónimo"
Total, que se sentó otra vez con nosotras y me temo que Berenice y yo le echamos la bronca, por empeñarse en tener todo a punto, sea vacaciones o no. Se defendió como pudo.
- Es que yo soy así, no lo puedo remediar, soy 'Mariquilla La Primera'. Porque vamos a ver: ¿Quién se metió anoche en la cocina conmigo? Maite y no vosotras - dijo mirándonos de manera acusadora.
- Es que tú te pasas tres pueblos, con tanto detalle. Porque, vamos... mira que ayer, cuando te vi levantarte en pleno desayuno y aparecer con la sombrilla de la playa para que no le diera el sol a Odiseo, que sólo te faltó ir detrás de él como Picasso en la foto de Robert de Capa, cuando le quita el sol a Francoise... 



Se subió al dormitorio y Bere y yo nos quedamos reflexionando cómo habíamos llegado al lamentable estado de 'Mariquillas las últimas', qué vergüenza. Hasta el grillo se dio media vuelta y enmudeció.

Al día siguiente fuimos Mari Carmen y yo a comprar las cosas para la mariscada que hacemos todos los veranos, Bere se quedó diciendo que tenía algo que hacer. Cuando volvimos con mil y una bolsas ya había hecho casi todo el cuerpo de casa, estaba terminando de limpiar el baño de abajo. Ya era tarde y Mari Carmen dijo que se iba a la playa, así que se colocó el bañador, el pareo, la pamela y salió por la puerta dejándonos a las dos Mariquillas Las Últimas con todo empantanado, donde se demuestra que la venganza es un plato que se sirve frío.

- Ay, Bere, tenemos que darnos prisa, que ya es muy tarde, y está todo por medio, qué desastre.
- Venga, que termino con el salón y me vengo a la cocina contigo.
- ¡Qué barbaridad! ¿Para qué habremos comprado tanta cosa? Esta nevera está atiborrada, ahora tengo que entretenerme amontonando las cosas estilo 'Tetris' para hacer sitio, uff. No nos va a dar tiempo, como venga tu tía y vea todo manga por hombro, no veas...


Pelar las peras y frotarlas con limón
Añadir la menta al agua con azúcar












Me puse a sudar, entre las prisas, los nervios y el sol de justicia que entraba desde el jardín. Puse a cocer los bígaros, las cañaíllas y los langostinos. Las nécoras entraron la lista de espera. Guardé los berberechos. Me puse a limpiar un kg de boquerones para ponerlos al limón, que compramos a Miguelito porque le gustan mucho.

Mientras tanto, le contaba a Berenice que cuando yo era pequeña, había un programa en la tele que se llamaba 'Reina por un día'. Recuerdo que sonaba una cancioncilla que le canté:

Reina por un día, día de ilusión
Dulce melodía en tu corazón
Tus anhelos y deseos
Hoy se cumplirán
Y tus ansias y tus sueños
Realidad se volverán.

Y allí estaba la afortunada, sentada en un trono, con una corona de oropel y un manto de armiño de guardarropía, recibiendo regalos tan interesantes como una lavadora, una plancha o una aspiradora. Al final, lloraban todos mucho de alegría, de ilusión, de anhelos, ansias y deseos cumplidos. 


Cocer al vapor 20 minutos

- Oye, vamos a empezar la Operación Reina por un día, para tu tía. El asunto es que se colmen sus deseos de que dejemos de ser la vergüenza de las perfectas amas de casa, de las que ella es el vivo ejemplo.
- Maricruz, mujer... Dijo Bere ya riéndose.
- Que sí, que sí, que como no tenemos una corona, le podemos hacer una con un mocho de fregona bien bonito, y como cetro un plumero de esos estilosos con muchos colorines. Yo le canto la canción, que todavía me acuerdo ¿Vale?

Tuvimos que parar un rato, que con la risa no podíamos más. 
Y volvió Mari Carmen de la playa, más contenta que unas Pascuas y desde la puerta de la cocina nos dijo con mucha guasa que qué nos pasaba, que teníamos unas caritas de cansadas espantosas.


A partir de entonces estuvimos pendientes a más no poder de todo, tarea inútil porque Mari Carmen seguía siendo 'Mariquilla La Primera' en cuanto nos descuidábamos.
- No te muevas, no te muevas, que ahora mismo traemos la mantequilla...
- Tú tranquila, que ya ponemos la mesa nosotras...
- Ya cargamos nosotras el lavavajillas...
Unas carreras...
 Hemos tenido la casa de vacaciones más relimpia de Andalucía; Bere se ha pasado tendiendo y recogiendo a toda velocidad la ropa en cuanto estaba lista; yo tenía la cama hecha y el cuarto en estado de revista antes de las doce de la mañana; hemos refregado los baños una y otra vez, y todos han tenido una estancia de príncipes.
 Incluso Mari Carmen, cuando ya nos veníamos, nos dijo que nos habíamos esforzado bastante . Aun así, no hemos conseguido el diploma del Máster en cuerpo de casa, no hay quien llegue a su nivel. El próximo verano, Bere y yo hemos pensado incluir en el fondo común el presupuesto de una limpiadora, ya no queremos ser 'Mariquilla La Primera', que eso es un no parar. 

Peras al vapor al aroma de menta
Ingredientes.
1 kg de peras conferencia. 
Un buen manojo de menta fresca.
200 gr de azúcar.
200 gr de agua.
1 Limón.

Elaboración.
Pelar las peras conservando el rabillo. Frotarlas con el limón para evitar que ennegrezcan.
En una vaporera, colocar en el fondo el azúcar y el agua. Disolver bien.
Añadir la menta.
Disponer las peras en el cestillo, tapar y dejar cocer 20 minutos aproximadamente.
Colar el almíbar que se habrá hecho durante la cocción.
Servir frío o caliente, regando las peras con el almíbar.







lunes, 2 de septiembre de 2013

Ternera al vermú, las vacaciones en El Puerto y el jamón.


Había encargado este año Mari Carmen el jamón para las vacaciones en una fábrica de embutidos, secadero y bodega de jamones que hay en la provincia de Badajoz. El día 14 de agosto, todavía no había llegado y todos nos preguntábamos qué pasaba, así que llamó por teléfono y nos enteramos que había habido una confusión. Ellos esperando la transferencia y nosotros esperando que nos dijeran el precio para poder hacerla. Total, que unos por otros, la casa sin barrer.

Cuando parecía que estaba todo solucionado, el jamón seguía sin venir. Venga a llamar por teléfono y nada, que no había manera. Ya estábamos todos pendientes, sobre todo Berenice, su hijo Miguelito y yo, que cada vez que oíamos que alguien paraba una furgoneta al otro lado de la valla del jardín, nos volvíamos locos gritando: "¡el jamón! ¡el jamón!". A Mari Carmen le daba una vergüenza espantosa.

Atar la carne

Una tarde estábamos tan tranquilos y paró una furgoneta de reparto. Repetimos la algarabía. El repartidor se bajó con un paquete, entró en nuestra calle y pasó de largo, qué chasco.
- ¿Mira que si es el jamón y se está equivocando de casa?
- Tita, tita -, dijo Miguelito -, ¡corre que se lleva el jamón!
- Oiga, oiga, ¿Para quién trae usted ese paquete?, escuchábamos que decía Mari Carmen al de reparto mientras corría como un gamo detrás de él. Se había contagiado de nuestras tonterías, la pobre. Era un paquete para dos casas más abajo, que no había nadie. Mala suerte. Volvió a entrar en casa y allí nos encontró a los tres a carcajada limpia, llorando de risa.
- Desde luego, qué vergüenza, la que estáis liando con el dichoso jamón. Y yo, corriendo detrás del pobre hombre, espero que no me haya visto nadie.

Entrar al horno, todo en crudo

Al día siguiente, volvió el mismo repartidor. Seguía sin haber nadie y le oímos hablar por el móvil con su jefe, que a ver qué hacía con el paquete, que no podía estar viniendo todos los días con el calor y todo eso. Le dijo a Mari Carmen que si quería quedarse ella con el paquete y dárselo a la vecina cuando volviera, pero dijimos que si no era un jamón, que no. Qué vida más injusta, Dios le da pañuelo al que no tiene mocos, como dice el refrán.

Menos mal que vino 'Odiseo' (ese no es su nombre, es que no quiere que diga el suyo y hemos consensuado este), a pasar dos días y trajo jamón, buenísimo por cierto, y bombones de Pancracio. Lo siento 'Odiseo', ahora todo el mundo sabe que estás en Cádiz. El jamón se acabó en los desayunos y otra vez nos entró la perrera con el jamón, para desesperación de Mari Carmen.

Estuvimos gritando "¡el jamón!" cada vez que oíamos el motor de un coche e incluso cuando estábamos charlando, nos volvimos obsesivo-compulsivos. Una mañana pasó la máquina barredora del Ayuntamiento y los tres gritamos a la vez: "¡el jamón!" y venga a reírnos como tontos.

Bañar a menudo con el jugo
Pasar la salsa











El día 22, a eso de las 12 llegó el del jamón. Bere y Miguelito estaban en el jardín, Mari Carmen en la cocina y yo andaba dentro de casa haciendo no sé qué. Berenice abrió la puerta en bikini porque ya se iba a la playa con Miguelito, que estaba preparado con la gorra de visera más grande que he visto en mi vida y saltaba como un guerrero Masái , "¡el jamón, el jamón, el jamón!" repetía como si nos hubiera tocado la lotería. Yo aparecí con la túnica que uso para estar en casa y Mari Carmen directamente se escondió en la cocina y no quería salir.
- Tita, que salgas a firmar, dijo Bere.
- Que no, que no, firma tú, se escuchaba a Mari Carmen que debía estar a punto de meter la cabeza en el horno.
- Que salgas, tita, que yo no voy a firmar.



Yo salí corriendo a por la cámara de fotos que estaba en la mesa del jardín y le dije al repartidor:
- ¿A usted no le importa que le haga una foto entregando el jamón? Es que llevamos más de dos semanas esperando a que lo traigan... Le aseguro que no saldrá su cara, si no quiere.
- No me importa, señora, dijo aquel hombre, que sudaba a chorros y a pesar de eso lucía una gran sonrisa.
- ¡Mierda! No me lo puedo creer, dos semanas esperando el jamón y ahora va la cámara y dice "Change battery". 
Salí pitando en busca del iPad para hacer la foto y en la cocina me crucé con Bere que ya venía con su móvil a inmortalizar el momento-entrega-del-jamón-por-fin. Mari Carmen firmó el albarán, Bere hizo las fotos, Miguelito lo pasó en grande, el repartidor se fue pensando que estábamos todos locos y yo me fui a darme un baño fresquito que me dejó como nueva.
Al día siguiente compramos una tabla para el jamón, no hubo manera de encontrar la que teníamos.
'Odiseo' volvió a pasar un fin de semana con nosotros pero le dijimos que ya no hacía falta jamón, que si quería traer más bombones Pancracio, que agradecidos. Así lo hizo, 'Odiseo' es un encanto.

Y aquí está el famoso jamón, salió exquisito.

El momento de la entrega



















 Ternera al vermú

Ingredientes.
1.800 gr de aguja de ternera.
Cebolla dulce en juliana, al gusto.
100 gr de aceite de oliva virgen.
1 vaso de los de agua de vermú blanco seco.
Pimienta en grano variada: negra, blanca, roja y verde. O una mezcla de 5 pimientas de las ya preparadas.
2 ó 3 hojas de laurel.
Ralladura de un limón, sólo la parte amarilla.
3 cayenas enteras.
Sal.
Pimienta negra recién molida.

Elaboración.
Atar la carne para que conserve su forma. Salpimentar.
Colocar en la cazuela y añadir todos los ingredientes. Macerar unas dos horas, dando la vuelta para que se impregne bien.
Entrar al horno precalentado a 200º. 
A los 15 min., dar la vuelta y mantener otros 15 min.
Bajar el horno a 170º y calcular un tiempo de 30 minutos por cada 1/2 kg de carne.
Bañar a menudo con el jugo de cocción.
Cuando esté lista, sacar la carne y mientras reposa, triturar la salsa retirando las hojas de laurel, que ya habrán soltado su sabor y su aroma.
Lonchear, emplatar y servir.