domingo, 16 de abril de 2017

Salpicón de cangrejo, merluza, gambas y cigalas


Mi hermana Paloma quería comprar una alfombra y otras chucherías, nuestra amiga Anate también tenía que comprar no recuerdo qué, y yo que no tenía nada que comprar pero que me apunto a lo que sea, organizamos una visita a Ikea, ese sitio tan encantador que es como el Hotel California del que nunca puedes irte por mucho que lo intentes.

Cocer la merluza con ajo, perejil, unas
gotas de aceite, sal y limón.
Escurrir la carne de cangrejo.












Vinieron a recogerme en el coche de Anate y nada más entrar, me encuentro un melón estilo Cantalup en el suelo en la parte de atrás.
- ¡Hombre, Wilson! -, dije yo que desde que vi la película Náufrago en la que Tom Hanks, ese moderno Robinson Crusoe que se curte durante cuatro años en una isla desierta y en vez de rescatar a su Viernes, como la isla está desierta del todo, no tiene otro remedio que hacerse amigo de un balón de voleibol al que llama Wilson, pues me da cierta ternura todo lo que tiene esa pinta. Y encima, el mal rato que pasa el pobre cuando pierde en el mar a Wilson a punto de ser rescatado, que le pide perdón y todo llorando a moco tendido. Que veo un repollo en la frutería y ganas me dan de pedirle al frutero "un Wilson" del terreno.
- Ten cuidado que ahí detrás hay un melón -, advirtió Anate, cuando yo ya había colocado con todo mi cariño a Wilson en el asiento a mi lado.

Cocer las gambas y las cigalas. Aprovechar
las huevas si las hay.


Aparcamos y entramos justo por las puertas de salida, Anate dijo que a ella le gusta más. Yo que me pierdo hasta cuando entro por la entrada principal, para qué quería más. Todo el rato intentando no perder de vista a Paloma y Anate entre un gentío deambulando por todos sitios como el pueblo de Israel por el desierto, con cara de estar tan a gusto que parece que viven allí. Recorrimos toda la planta baja y, cosa rara en mí, no tenía día de comprar, qué angustia. Al final compré una sartén para crepes y dos tonterías más. Luego subimos a la planta superior y la recorrimos entera hasta que llegamos donde las alfombras. Yo ya no podía dar un paso más pero no tenía otra opción, no me iban a llevar dentro del carrito como a los nenes pequeñitos aunque bien mirado, tampoco estaría mal... Vimos todas esas cocinas tan monas que no les falta un detalle; los pisos de 30 metros que tienen de todo y siempre están llenos de gente que curiosea como si tener un mini piso fuera el sueño de sus vidas; dormitorios; salones; mobiliario de terraza..., un mareo horroroso que ya no sabes ni por dónde vas.

Trocear el pimiento y la cebolla.
Trocear los huevos cocidos.













Paloma que es muy organizada y previsora, llevaba las medidas de la alfombra y cuando yo la vi no me lo podía creer.
- Pero hija mía, ¿dónde vas a poner eso tan grande?
- Es para el salón,
- Ya. Pues nada, a ver cómo la metemos en el coche, pensé yo que era la que iba detrás con Wilson y me temía lo peor.

Al cabo de mucho tiempo, estuvimos listas para pagar. Me di cuenta de que no pasaba por Ikea hacía meses porque ahora hay cajas de autopago. O sea, que tú lo haces todo: tienes que pasar el lector laser de código de barras de tus artículos; eliges en la pantalla táctil la modalidad de pago, la tarjeta que quieres usar, averiguas cuál de las ranuras es para la tarjeta bancaria, introduces el número secreto, pagas, recoges el tique de compra y luego te vas mientras intentas controlar el ataque de nervios que llevas a estas alturas.


Añadir el resto de ingredientes escurridos
y troceados.

Había una empleada de Ikea organizando la cola de gente que queríamos pagar. Con unas dotes de mando que más parecía una funcionaria de prisiones que una empleada. Daba miedo. Cada vez que una caja se quedaba vacía, ordenaba al cliente de turno que entrara en el recinto. Cuando nos tocaba a nosotras, nos dio paso y fuimos las tres a la misma caja.
- No, no, nooo. Tienen que ir cada una a una caja distinta -, dictaminó en plan sargentona.
- ¿Por qué? Si vamos a pagar cada una nuestras cosas, es como si fuéramos tres clientas distintas en la misma cola, saldrán tres facturas -, dije yo que tengo la manía de no callarme, sobre todo si pienso que algo es absurdo.
- Pues porque no se puede, así que cada una tiene que ir a una caja.
- Bueno, ¿y si cojo mis cosas y me pongo detrás de cualquiera de ellas?
- ¡Que le he dicho que no!

Caramba con la marimandona... Como no era plan de que Paloma fuera cargando con la alfombra que era grande de verdad, que por lo menos cabían dos Cleopatras dentro en línea, Anate y yo cogimos cada una nuestras cositas y fuimos a buscarnos la vida bajo la vigilancia de la sargento de hierro que si hubiera sido Clint Eastwood me habría gustado más. Pero nada que ver. Yo me hice un lío con el lector laser, y la sargento semana se dio cuenta.
- ¡Un momento, un momento!
- ¿Qué? ¿Qué pasa ahora? -, de verdad, qué estrés.
- Que ha pasado cuatro artículos y usted sólo lleva tres.
- Ay, perdone, es que es la primera vez que trabajo de cajera en Ikea. Si por lo menos nos dieran un cursillo rápido...

Aliñar con una vinagreta y emplatar.


Los que esperaban su turno se pusieron a reír, yo terminé con éxito, salí del atolladero y de la perversa línea de caja. Fue entonces cuando me di cuenta de que Paloma seguía en su caja y Anate que ya había pagado estaba con ella. Tardaron un ratazo en acabar y me contaron que con los nervios Paloma tecleaba el número secreto de una tarjeta que no era la que pretendía usar. Se puso más nerviosa todavía cuando los del Banco le mandaban SMS preguntando cuál era el problema. Surrealista total.
Salimos, encontramos el coche en el aparcamiento, lo que tiene su mérito si la referencia es "estaba justo al lado del cuatro por cuatro negro", y no hubo problema con la alfombra. Viajó atravesada en diagonal en la parte de atrás, de manera que me atacaba todo el rato a la cabeza por mucho que intentaba mantenerla a raya. Llegué a casa con tortícolis. Wilson se quedó en el coche y a mí me dan ataques de risa cada vez que preparo crepes.

Salpicón de cangrejo, merluza, gambas y cigalas.

Ingredientes.

1 buena rodaja de merluza fresca.
1/2 kg de cigalas frescas.
1/2 kg de gambas de buen tamaño.
1 lata de 500 gr de cangrejo de mar cocido o un buey de mar cocido y desmenuzado.
2 huevos cocidos.
2 pimientos verdes.
1 cebolla.
Perejil.
2 ó 3 dientes de ajo pelados y enteros.
Limón.
Aceite de oliva.
Vinagre.
Sal.

Elaboración.
Cocer los huevos durante 10 minutos.
Cocer la merluza en agua con un chorrito de aceite, una rama de perejil, los ajos pelados y enteros, sal y unas gotas de limón.Escurrir, reservar y cuando esté fría, desmenuzar.
Cocer en agua y sal el marisco. Pelarlo y trocearlo no demasiado pequeños. Si tenemos el cangrejo de lata, escurrirlo. Si no, cocer el buey de mar y desmenuzarlo.
Trocear el pimiento y la cebolla y disponerlo en un cuenco grande.
Trocear los huevos y añadirlos al cuenco.
Incorporar el resto de los ingredientes.
Aliñar con una vinagreta, remover bien y entrar al frigorífico. Cuando esté fresco, emplatar y servir.



lunes, 5 de septiembre de 2016

Cangrejos de río en salsa de tomate




El día 14 de agosto de 1487, los Reyes Católicos tomaron la ciudad de Málaga que estaba en poder de los musulmanes. Aprovechando que El Zagal estaba atrincherado en la Alhambra de Granada intentando que su sobrino Boabdil no le quitara el puesto, sus católicas majestades atacaron desde Vélez-Málaga y pusieron sitio por tierra y por mar. El Zegrí se hizo fuerte en la Alcazaba malagueña y tardaron casi cuatro meses en rendir la plaza por hambre, sed, epidemias y muerte. El Zegrí salió huyendo y una vez perpetradas las escabechinas correspondientes y hechos los repartimientos a los principales señores que apoyaron a Isabel y Fernando, se organizaron festejos con misa, procesión y Te Deum solemne. Había nacido la Feria de Málaga, Feria de agosto o Feria del Sur de Europa.

Y desde entonces los malagueños salimos a divertirnos con todo el calor como si nada, somos así de fiesteros. Tenemos dos Ferias: la de día o del Centro, y la de noche o la del Real. A mí me gusta la Feria de Día y siempre que puedo voy. A mi Manuel no nos gusta la Feria, de modo que desde que las niñas eran pequeñas, nos vestíamos de gitana con todos los arreos y nos íbamos a disfrutar mientras mi Manuel se quedaba tan contento en su butaquita pensando en sus asuntos que es lo que a él le ha gustado siempre.

Cortar el jamón en tacos pequeños
Picar los ajos y la cebolla











En aquellos tiempos, más de una vez se venía con nosotras mi hermana Conchi y sus hijos Caridad y Miguelito que solían venir todos los veranos desde Estados Unidos donde vivían y donde han nacido mis sobrinos. Un año, como ya eran mayorcitos, la niñera que contrataba nuestra madre para que ayudara a mi hermana con sus hijos se empeñó en que fueran vestidos para la ocasión. Caridad estaba guapísima con su traje de gitana amarillo y azul, el mantoncillo bordado, con sus flores en el pelo, los pendientes, el collar y los zapatos de tacón. Miguelito apareció vestido de arriba abajo de campero. Botos de Valverde, pantalón largo de paño oscuro, camisa blanca con chorreras abotonada en cuello y puños, tirantes, fajín verde y morado - los colores de la ciudad -, y sombrero cordobés bien encajado.

Cocer los cangrejos en agua y sal
Dejarlos enfriar en el caldo y reservar










- Conchi... ¿Este niño no va a tener mucho calor así vestido? Que estamos a casi cuarenta grados, que hace terral...
- No creo, ¿no? Es que este es el traje de flamenco... Y ya que vamos todas vestidas, pues el niño también. ¿A que está graciosísimo?
- Mujer, teniendo en cuenta que somos casi todas rubias con los ojos azules, que parecemos un grupo de flamencas holandesas, pues como que no desentona, es un gitanillo rubio con pecas muy lindo, eso es verdad. Bueno, pues que sea lo que dios quiera, ya que estamos vámonos para la Feria.

Enfilamos taconeando el paseo Reding, pasamos por delante de la plaza de toros de La Malagueta, y llegamos al Parque Central a golpe de abanico. Las niñas iban encantadas aireando sus volantes, Conchi y yo charlábamos no recuerdo de qué, y el niño resoplaba de vez en cuando. Teníamos ochocientos metros que recorrer que es lo que mide el parque. A los cien metros, empezó a ponerse colorado. Cincuenta metros después, ya arrastraba los botos. A los doscientos metros, escuché como el chiquillo decía: "tita... titaa... titaaa ". Era una especie de lamento bajito como un susurro agónico. Me paré, le quité el sombrero porque no se le veía la carita desde arriba, y ¡el niño estaba congestionado!

Sofreír el ajo, la cebolla, las guindillas
 y el jamón
Añadir el tomate











- ¡Conchi, Conchi, que a este niño le va a dar un golpe de calor, por dios santo!
- Ay, pobrecito mi niño, criatura..., que tiene los pelitos pegados, chorreando sudor.
- Si es que no puede ser, si es que se nos va a poner malo.
El niño ya decía: "agua, aguaaa" Salí corriendo para uno de los puestos de helados que había por allí, y compré un botellín de agua que le volcamos por la cabeza. Le abrimos los puños de la camisa y le mojamos los pulsos. Los botos se los tuvimos que dejar puestos, no era cuestión de que fuera descalzo pero el fajín salió volando de un tirón. Qué mal rato. Las niñas se alborotaron, y también querían que les echáramos agua por la cabeza, les entraron ganas de jolgorio. Normal. Al final se contentaron con polos de hielo, de esos que al primer chupetón que le das, se queda blanco no importa cuál es su color o sabor. Eso sí, manchan en color. Mucho.

Introducir los cangrejos
Y un cucharón del caldo


 Una vez atendida la emergencia, intentamos tranquilizarnos aparentando que éramos gente normal y llegamos a la portada de calle Larios. Por fin hicimos nuestra entrada en la feria de Día. Muy bonita y animada. Las niñas iban bastante churretosas, el niño como si viniera de una riña navajera, despechugado, los faldones de la camisa medio por fuera, y nosotras al mando de la tropa, todos contentos. Lo pasamos bien, entramos en todas las casetas de las cofradías conocidas, bailamos todo lo bailable, comimos lo que en condiciones normales no comemos y volvimos a casa a las siete de la tarde. El sombrero cordobés se debió quedar en cualquier sitio, con tanto barullo. Nunca más volvimos a vestir a Miguelito de flamenco, y todavía no sabemos si nos ha perdonado.


Servir calientes con la salsa
O sobre arroz blanco












Cangrejos de rio en salsa de tomate

Ingredientes. Para cuatro personas.
1 kg de cangrejos de rio vivos*
1kg 200 g de tomate natural triturado.
300/400 gr de jamón ibérico en tacos pequeños.
1 cebolla grande o 2 pequeñas.
4 ó 5 dientes de ajo.
3 guindillas rojas.

Elaboración
*Si los cangrejos están vivos, hay que cocerlos en un caldo corto al vino blanco:
Agua
1/2 cebolla en cascos grandes.
1 ó 2 zanahorias raspadas.
1 ramillete de hierbas aromáticas o un ramito de perejil, laurel, un clavo de olor.
Unos granos de pimienta negra.
Vino blanco de buena calidad.
Sal.
Se hace cocer 45 minutos y se deja enfriar. Se cuela y se reserva. 
Es mejor prepararlo el día anterior.
Para cocer los cangrejos, calentarlo y cuando llegue a ebullición, echar los cangrejos. Dejar cocer 5 minutos y otros diez con el fuego apagado. Colar.

Si los cangrejos vienen ya cocidos, yo les doy un hervor en el caldo corto igualmente, para que tomen más sabor. 

Preparar la salsa de tomate sofriendo los ajos, la cebolla y las guindillas. Cuando empiece a ablandarse, añadir el jamón.
Cuando el jamón esté sofrito, incorporamos el tomate, la sal y una cucharada de azúcar.
Dejar cocer entre 20 y 30 minutos.
Poner los cangrejos escurridos y calentar todo junto.
Servir bien caliente con la salsa o con arroz blanco de acompañamiento. Pero siempre con pan. 


lunes, 15 de agosto de 2016

Merluza en salsa



Parece que este verano va a ser de Levante. Andamos todos con los pelos revueltos y yo, que tengo la cabeza llena de remolinos y por eso llevo un pelado cortito, vuelvo a casa como la Pantera Rosa después de salir de la secadora. Aun así el lunes ya no pude más y bajé a la playa, que todo el año viendo el mar tan cerca y los vecinos todos negros como Conguitos, yo sigo pareciendo recién llegada de los países nórdicos. Esto no puede seguir así, me dije a mí misma. Preparé mi bolsa de playa, producto de uno de mis viajes a EEUU, que tiene siete bolsillos con cremallera por fuera formando la palabra "Newyork" donde meto las llaves, algo de dinero, los kleenex, el móvil, un espejito y el protector labial; dentro la toalla, un peine, un fotoprotector 50, una botellita de agua y listo. Me puse un bañador nuevo de este año, de estilo palabra de honor monísimo, una camisola a juego y mis chanclas de goma que en otros tiempos llamábamos japonesas  y que ahora se llaman flip-flop. Crucé el paseo marítimo dispuesta a todo, y me uní a la concurrencia de bañistas, por fin.

Pasar la merluza por harina y freír
Reservar











Ocupé una de las hamacas que gestionan los del chiringuito Gutiérrez, de esas que son super cómodas, con una sombrilla de paja colgante alrededor con penacho arriba y todo. Son como un iglú pero en versión estropajosa, es la moda de este año. Dejé la bolsa y me acerqué a la orilla a ver cómo estaba el agua de temperatura, porque revuelta ya sabíamos que estaba. Unas olas de las que rompen a traición y además con resaca fuerte. El vigilante de la playa que es un joven normal y corriente, no como los de la serie,  y que nunca he visto en la arena, que parece que vive en lo alto de esa escalera como si fuera un Simeón Estilita moderno, izó la bandera amarilla. Uh, no parece que esto vaya a amainar, me volví a decir a mí misma.

En el mismo aceite, freír los ajos
Añadir el vino y el caldo de pescado










- ¿Ha visto usted la mala mar que hace hoy? -, comentó una señora que se puso a mi lado. Por cierto, llevaba un bañador con faldita, negro con lunaritos blancos, o topos que se llaman ahora. Siglos hacía que no veía yo un bañador de esos.
- Pues sí, como tengamos muchos días de Levante, nos vamos a quedar sin arena.
- Una pena, porque el agua no está fría, ¿Verdad? Yo, con estas olas no me meto, ¿usted se va a bañar?
- Mujer... No creo, no tengo ganas de andar saltando olas y menos con este esguince en el pie...
Justo cuando le iba a enseñar mi tobillo, el mar pegó un arreón y se llevó la chancla del pie izquerdo.
- Oh, ¡mi chancla! -, exclamé con sorpresa.
- A ver cómo la coge usted, que se ha ido para adentro.
Y nos pusimos a otear el rompeolas intentando localizarla.
- Bueno, como vivo ahí enfrente me da lo mismo ir descalza-, dije yo que me conformo enseguida con lo que no tiene importancia ni remedio.

Agregar las almejas lavadas
Cocer tapado para que no se seque










- Ah, ¡mira aquí está! -. Algo me estaba rozando el pie. No era la chancla, eran unas gafas de bucear. Increíble.
- ¡Qué cosas, he perdido una chancla pero he encontrado unas gafas de buceo! Me puse a reír y la señora del bañador con faldita se puso a reír también tan contenta como yo.
- Dicen que el mar devuelve siempre lo que no es suyo, pero en este caso se ha equivocado en la entrega, debe haber alguien por ahí intentando bucear con mi chancla.
De repente me señaló como unos treinta metros a la derecha.

Incorporar las gambas al final
Y el perejil muy picado











- ¡Por allí está su chancla!-. Y lo dijo en el mismo tono que el capitán Ahab de Moby Dick cuando alertaba "¡por allí resopla!", así que salí corriendo como un gamo, con un pie descalzo, procurando que no se me fuera la chancla del otro y las gafas ajenas colgando de un brazo. Después de tres o cuatro intentos, tragando agua y arena, la pesqué. Ahora tenía mis chanclas, unas gafas de bucear, una pinta lamentable, la camisola chorreando y a los de las hamacas pendientes de la peripecia. Cuando volví a mi sitio, todos sonreían con alivio. Poco me faltó para saludar estilo campeona de algo. El vigilante izó la bandera roja. Prohibido el baño. A mí, tanto me daba, ya tenía rebozado para un rato. Me di una ducha.

Calentar todo junto 


Ayer fui a comprarme unas sandalias de goma, de las que antes llamábamos esqueléticas y ahora se llaman cangrejeras. Esas por lo menos, no las voy a perder, pero en cambio si te las dejas puestas, se quedan los pies con unas señales blancas a tiras muy poco estéticas. No me acabo de decidir. Lo mejor va a ser tener cuidado y dejar las flip-flop al pie de la hamaca antes de acercarme a la orilla. Y si acaso, se las subo al vigilante, que aparte de izar banderas cuando ya estamos todos medio ahogados, no tiene otra cosa que hacer.

Emplatar  y servir

Merluza en salsa

Ingredientes.
Una rodaja de merluza de unos 200 gr por persona.
200 gr de almejas, lavadas y limpias de arena.
250 gr de gambas peladas.
5 ó 6 dientes de ajos pelados y en rodajas.
un buen manojo de perejil cortado finamente.
300 cc de caldo de pescado.
200 cc de vino blanco de buena calidad.
Un poco de harina para rebozar el pescado. Si es harina gruesa, mejor.
Aceite de oliva.
Sal.

Elaboración.
Salar las rodajas de merluza, pasarlas por la harina y freír en un fondo de aceite. Reservar.
En el mismo aceite, freír los ajos hasta dorarlos, pero teniendo cuidado de no quemarlos, da muy mal sabor.
A continuación, verter el vino blanco. Cuando se evapore el alcohol, el caldo.
Esperar a que se caliente y volver a poner el pescado con las almejas.
Tapar para que no se seque el guiso.
Mover la cazuela para que se abran las almejas pronto y ligue la salsa.
Al final, las gambas y el perejil. Calentar todo junto sólo un momento.
Emplatar y servir.



viernes, 15 de julio de 2016

Vychissoise de puerro y manzana con crujiente de jamón ibérico


El cumpleaños de nuestra hermana Paloma ha sido como las bodas gitanas, que por poco dura una semana. Primero le organizamos una fiesta sorpresa un sábado cuatro días antes, con banderitas de felicidades, globos, canapés fríos y calientes, un vídeo de su vida en fotos con música de nivel casi profesional, photocall, tarta, regalos y copas. Precioso. Le cantamos cumpleaños feliz, brindamos y estuvimos un montonazo de gente, aunque sólo fuimos los hermanos, cuñados y sus hijos. Si llegan a ir los sobrinos, no cabemos todos. Después, el día exacto de su cumpleaños fuimos las tres a comer juntas. Y por último, Pili y yo le regalamos entradas para ir las tres a ver, el viernes siguiente, el musical "Mamma Mía!" que lo están representando en el Teatro Cervantes.

Lavar y trocear puerros y manzanas
Triturar a vel. 4, 15 min.











Quedamos a las 8:30 de la tarde en la Plaza de la Merced - donde nació Picasso -, para ir al Mercado de la Merced a tapear antes de la función que empezaba a las 22 horas. Han reformado el mercado y por las tardes-noches hay cantidad de sitios para comer que tienen de todo: brochetas, montaditos, pinchos, tortillas, mariscos, ensaladillas rusas..., y casi todo con queso, que ya sabe todo el mundo que soy muy rara y no me gusta el queso. Y lo que no lleva queso, lleva germinados, que tampoco me gustan. Aparte de eso, como de todo. Bueno, tampoco me entusiasman los risottos ni los steaks tartar, pero de verdad que como de todo. Ya no hay mesas para sentarse en sillas normales, se han puesto de moda esas mesas altas con unos taburetes también altos, y tengo que dar un salto para subir, después aguantar allí arriba como gallina en el palo del gallinero, y al final no me bajo como todo el mundo, yo me tiro al suelo en vertical agarrada al bolso y que sea lo que dios quiera.

Añadir 30 gr de aceite de oliva. Cocer 10 min
 Varoma vel 1
Añadir caldo de pollo, salar y cocer
20 min. 100º, vel 1












A las diez menos diez estábamos entregando las entradas que ya no son tickets. Como se compran por Internet, vas cargada con tres hojas tamaño folio que has sacado tú misma por impresora, con un  código de barras para que lo escaneen, donde también aparecen anuncios de otros espectáculos. Da la impresión de que es una entrega de credenciales en toda regla, sólo faltan los maceros del Ayuntamiento. Subimos a nuestra platea y nos sentamos. Pili no oye bien del oído derecho, yo no oigo bien del izquierdo, por lo que si no se sienta a mi derecha, nos pasamos todo el rato preguntándonos qué decimos. Paloma oye bien, hace de intérprete, menos mal. Pili me preguntó qué tal me iba con la nueva (la anterior trabajadora se despidió por WhastApp) y contesté:
- ¿La nuera?¿Qué nuera? -. Conmigo, si no tengo cuidado, las conversaciones suelen ser así.

Anunciaron por megafonía que empezaba la función, rogaban que pusiéramos los móviles en silencio y que, por favor, no se tomaran fotos ni se grabara nada. La gente no hace caso y las acomodadoras se pasan todo el espectáculo llamando la atención a los indisciplinados, qué vergüenza. Salió el director de orquesta. Aplaudimos. Los músicos se supone que estaban en el foso, pero no se vieron en ningún momento. Es un foso-foso de verdad. Yo orienté mi oído bueno, Pili hizo lo mismo con el suyo y Paloma mantuvo la cabeza en una posición normal. Una función preciosa, todas las canciones de Abba con una historia como hilo conductor. Una gran profesional, Nina, con una voz formidable. Todos los actores sensacionales.

Colocar el jamón sobre papel de horno
Cubrir con papel de horno











Las plateas están muy cerca de los asientos del patio de butacas. Estaba intentando calcular cuántas localidades estaban ocupadas cuando vi a una mujer de mediana edad, regordeta, rubia con el pelo corto, vestida con una especie de Petite robe noir, un collar de cuentas largo, estilo años veinte, que se contoneaba al ritmo de la música, canturreaba, movía los pies a compás y sonreía encantada de la vida. Se fue animando y ya casi bailaba, se reía y parecía estar en el séptimo cielo. Giré la cabeza hacia mis hermanas y debía tener tal cara de asombro que se echaron a reír.
- ¿Habéis visto a esa señora de ahí?
- Hemos visto la carita que has puesto.
- Uy, uy... Es un poco rara, ¿no? Mirad las cosas que hace... se va a poner a cantar a voz en grito de un momento a otro...
- Lo mismo es familia de alguno de los actores.
- Mira, mira, se sabe todas las letras de la canciones.
- Ay por favor, qué cosa. ¿Por qué tendré yo que tropezarme siempre con gente rara? Ni siquiera en mis momentos de ocio voy a estar tranquila, será posible.


Poner un peso encima, una bandeja
en este caso
Entrar al horno a 220º, 20 min aprox.












Y ya nos dio la risa floja para toda la primera parte, que teníamos un ojo en el escenario y otro en la señora desinhibida, que se estaba viniendo arriba una cosa mala. Además los asientos a su izquierda y derecha estaban libres, con lo que se la veía muy bien.
- ¿Y por qué aplaudimos ahora? -, dije en un momento no era como para liarse a ovacionar de esa manera.
- Yo qué sé, como ella se ha puesto a aplaudir, ¡pues todo el teatro detrás!
- Esa es de la clac -, afirmó Pili con aplomo.
- Venga ya - me asombré yo -, ¿pero eso existe todavía?
- Lo que yo te diga. Rafael y yo conocimos a una cuando fuimos a un concierto de Serrat. Estaba lo mismo que esta, que hasta lloró y todo.
- ¿Y eso cuándo fue?
- Pues a ver... Todavía éramos novios y Serrat era joven, así que hace bastante tiempo.
Paloma y yo nos tuvimos que agachar en la platea para que no nos vieran llorar de la risa. Sencillamente, no podíamos parar. Es muy complicado y cómico, reírse bajito para no molestar a la audiencia, con lo que te da más risa y entras en una dinámica imposible de romper.

Dejar enfriar y partir con las tijeras


El intermedio duró veinte minutos, así que nos dio tiempo a ir al baño,  y a comprar botellines de agua a toda prisa porque nos entró la sed a cinco minutos de acabarse, y a tratar de sosegarnos. Cuando empezó otra vez, rodearon a la aludida unos cuantos amigos en plan guardia pretoriana, y no la dejaron desmadrarse en ningún momento. Una pena, porque por esta vez, el espectáculo estaba en el patio de butacas.


Vivchyssoise de puerro y manzana con cujiente de jamón ibérico

Ingredientes.
4 puerros de tamaño regular, sólo la parte blanca.
4 manzanas tipo golden.
30 gr de aceite de oliva.
700 gr de caldo de pollo.
3 ó 4 lonchas de jamón ibérico.
Sal.

Elaboración (Thernmomix)
Lavar y trocear la parte blanca de los puerros.
Lavar, descorazonar y trocear las manzanas con la piel.
Triturar a velocidad 4, durante 15 minutos aproximadamente.
Agregar los 30 gr de aceite de oliva. Cocer durante 10 minutos, temperatura Varoma, velocidad 1.
Bajar lo que quede en las paredes del vaso, salar y verter los 700 gr de caldo de pollo. Cocer 20 minutos, temperatura 100º, velocidad 1.
Enfriar en el frigo o servir templada.

Crujiente de jamón.
Disponer las lonchas de jamón bien extendidas sobre una hoja de papel de horno, en la fuente del horno.Cubrir con otra hoja de papel de horno y poner un peso encima, en este caso he puesto una fuente de barro.
Cocer a 220º, calor arriba y abajo, durante 20 minutos aproximadamente.
Dejar enfriar y cortar con las tijeras al tamaño que queramos.
Emplatar y servir.

Nota. Se puede añadir al momento de servir, un poco de nata, leche evaporada o yogur blanco. No lo pongo, los lácteos no son lo mío.




martes, 12 de julio de 2016

Ensalada cateta


Tener mascotas engancha. El que lo prueba, repite. Menos yo, que lo pasé tan mal cuando se murió nuestra gatita Flor que ya no quiero volver a pasar por lo mismo. Estuve tres días llorando sin poder parar, y tenía que salir a la calle a ver si me contenía un poco. En una de esas me encontré en un gran centro comercial, en una tienda de mascotas, todavía no sé cómo llegué allí. Sólo recuerdo que estaba frente a las latas de Whiskas gran selección paté con atún, llorando como una Magdalena y no era porque tuvieran mala pinta ni porque fueran muy caras, es que era lo único que comía que no le hubiera preparado yo. Era una gourmet mi gatita. Nada de comida enlatada.

Mi vecina Paula es de las que siempre tiene mascotas, perros en concreto. Cuando el último pasó a mejor vida, poco tardaron ella y su familia en adoptar otro. A Paula le saltó en Facebook un anuncio de una señora de El Rincón de la Victoria que se dedica a recoger perros abandonados o que la gente no quiere porque los suyos han tenido camadas y no saben qué hacer con ellos. Ella los vacuna, les pone chip y los alimenta hasta que encuentra un hogar adecuado. Publica un anuncio con foto del sujeto en cuestión y un número de contacto. A Paula le dio pena la carita triste del perrito y llamó.
Le dijo que primero tenía que ver la casa y conocer a la familia, no le deja los animalitos a cualquiera. El día señalado estaba todo en perfecto estado de revista. Comedero nuevo, pienso recién comprado, cama para la mascota y ellos con toda la ilusión del mundo. Una vez pasada la inspección, el nuevo miembro de la familia ya se quedó con ellos. Le llamaron Tobías. Pronto empezaron a notar comportamientos raros. Tobías directamente se metió bajo las faldas de la mesa camilla del salón y no quería salir. Tampoco quería ir a la calle. Algo pasaba.

Pelar, trocear y lavar las patatas
Hervir en agua caliente con sal y laurel











Paula llamó a una educadora de perros a domicilio que llegó a ver el estado de Tobías. Estuvo un rato atisbando tras enrollar las faldas de la camilla. Emitió su diagnóstico: ansiedad. Y dijo que necesitaba un adiestramiento con Clicker. Un clicker es un objeto con una lengüeta metálica que al presionarla hace "click", de ahí el nombre. Eso ya existía cuando yo era pequeña e iba al colegio, pero lo llamábamos "ranita", porque tenía forma de rana pequeña. Lo usábamos con afán malévolo en clase y era esos días en los que nos quedábamos sin recreo. Por lo que me contó Paula, es un método conductista en el que se asocia un estímulo a una respuesta. En la primera fase que llaman "cargar el clicker", se da un click, y se presenta la recompensa que es una golosina.

- ¿Qué golosina le gusta más a Tobías?
- Los piquitos de pan.
- Eso no me vale.
- Es que eso es lo que le gusta, qué le voy a hacer yo.
- Bueno, pues vais a comprar unos stickers - vulgo palitos -, que hay con sabor a pollo, ternera..., para usarlos como recompensa. Lo partís en quince trocitos y tenéis que repetir: Click - trocito de stick; quince veces por la mañana y otras tantas por la tarde. Una vez que lo haya asimilado, pasamos a la segunda fase. Se trata de asociar una orden a lo del click y la quinceava parte del palito, que dice Paula que no entiende lo de exactamente quince trocitos si el perro no sabe contar. La primera orden fue "Sienta". Esto lo aprendió pronto. La siguiente fue "Tumba" y ahí ya tuvieron el problema. Tobías no se tumbaba por nada de este mundo. Así que tienen que coger al perro, levantarlo en el aire y tumbarlo patas para arriba. Ahora la ansiedad la tienen ellos, aparte de agujetas en los brazos. Esa evaluación le queda para septiembre. También dictaminó que debían observar mucho a Tobías. Han quitado las faldas de la camilla. Entonces se mete debajo de una mesita rinconera que hay entre los dos sofás. Esa no tiene falda.

Lavar las verduras
Trocear











Dijo la educadora que tenía que salir a la calle quieras que no, y como los dueños de mascotas son muy afables entre ellos, todos se paraban a ver a Tobías.
- ¡Oh, qué mono! ¿Y el otro perro? -, y venga a querer acariciar al perrito, que reculaba para atrás y temblaba.
- Tuvimos que sacrificarlo.
- Ay, vaya por dios. ¿Y a este qué le pasa?
- Que tiene ansiedad. Mejor que no lo toquéis que se pone fatal, lo estamos adiestrando.
Y todos con cara de sentirlo mucho, empáticos perdidos. Desde entonces, preguntan por los progresos y piden permiso para tocarlo, por si todavía no se puede.

Trocear las patatas cocidas


Hace tres semanas lo llevaron al parque al recinto para perros. La adiestradora le dijo al marido de Paula que él tenía que ir también porque no se estaba involucrando y eso no podía ser. El recinto para perros está dividido en dos zonas. Una para los perros de menos de diez kilos y otra para los de más peso. Tobías pesa dieciséis kilos, así que a la zona de los chicos grandotes de cabeza. Allí estaba la seño en plan susurradora de perros, que aprovechaba esos momentos para instruir a  sus otros alumnos caninos. Al ratito de estar en clase, apareció una niña con dos perritos pequeños que, saltándose las normas a la torera como es normal en este país, entró en el recinto de los grandes. Uno de ellos, tamaño XXL, salió como una bala y agarró a uno de los pequeñines del cuello con su bocaza, mientras lo sacudía como un juguete.

Aliñar, emplatar y servir


Se armó el alboroto, los perros corriendo y ladrando, la gente gritando y Tobías escondido con un tembleque tremendo. Un señor fue a socorrer al perrito y en la batahola terminó con el polo roto. Llamó a la Policía Local que se presentó inmediatamente, y puso una denuncia todo sofocado. ¡Vamos con el animal, que me ha roto el Niqui (*) y tó! Cualquiera le quita ahora el susto del cuerpo al pobre Tobías. Me parece a mí que como no recurran al Trankimazín, lo van a tener muy difícil.

(*) Durante un tiempo se llamó "Niqui" a los polos de Lacoste porque en Alemania los llamaban así y en España se conocieron gracias a los emigrantes de los años 60. Aún hay personas mayores que usan esta denominación.

Ensalada cateta
Típica de los Montes de Málaga, básicamente es una pipirrana con patatas cocidas y huevo duro. Se hace con atún en conserva o bacalao, Hay quien le pone pimiento morrón. No confundir con la ensalada malagueña de bacalao.

Ingredientes. No doy cantidades, sólo hay que ser cuidadoso en que ningún ingrediente destaque sobre                          los demás.

Patatas.
Pimientos verdes de freír.
Tomates de ensalada rojos.
Cebolla tierna o cebolleta.
Pepinos.
Huevos cocidos.
Atún en aceite de oliva.
Aceitunas negras, o verdes. Pueden ponerse de las dos clases.
Vinagreta para aliñar.

Elaboración.
Pelar y partir las patatas en gajos grandes. Cocer en agua caliente  y sal alrededor de 15 minutos, yo añado una hoja de laurel. Escurrir y dejar entibiar.
Lavar y trocear las verduras y las patatas. Suelo dejar un pepino con la piel, me gusta el toque crujiente.
Trocear los huevos cocidos al mismo tamaño que el resto de verduras o dejar en cuartos.
Añadir el atún, reservando el aceite para el aliño, y las aceitunas.
Hacer la vinagreta con el aceite del atún y siguiendo las proporciones de 3 partes de aceite por 1 parte de vinagre.
Aliñar, emplatar y servir a temperatura ambiente o fría.


jueves, 16 de junio de 2016

Angel food cake o bizcocho de claras


El que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho. Este aforismo que parece salido del verbo entrecortado, dubitativo y lleno de obviedades de un político actual de cuyo nombre no quiero acordarme - parafraseando a D. Miguel de Cervantes -, la dice D. Quijote en la segunda parte de sus andanzas, y no es la única vez. Es una de las sentencias que Cervantes repite en sus escritos. Él leyó mucho y anduvo mucho, será por eso.

 Están el Ingenioso Hidalgo y su escudero en tierras de Aragón, cerca de Zaragoza en una venta en la que se cuenta el suceso de Maese Pedro con su retablo y un mono adivino, aunque "este animal no responde ni da noticia de las cosas que están por venir; de las pasadas sabe algo y de las presentes algún tanto" (cap. XXV). Como es de suponer, lo del mono adivino es un engaño con el que Cervantes construye un suceso que no tiene nada que envidiar a un sainete. Yo diría que hasta nos da el guión de un corto cinematográfico. No lo puedo remediar, siempre me he reído y lo sigo haciendo, con cada lectura de El Quijote, es divertidísimo.

Cernir la harina, azúcar y sal
dos veces
Batir a velocidad media











He leído y ha viajado todo lo que he podido. Cuando fui allá por el principio de mis tiempos a pasar una larga temporada en los Estados Unidos de Norteamérica, descubrí que:
La gente es igual en todos sitios, tomados individualmente; pero las sociedades suelen ser distintas.
Las naciones son resultado de su historia colectiva;  y los sujetos, de su circunstancias, como postula Ortega y Gasset.
Que el tiempo y el espacio son relativos. Esto último ya lo dijeron Protágoras y los sofistas antes de que Einstein diera a conocer su teoría de la relatividad.

Añadir el azúcar y subir de velocidad
Ahora, el cremor tártaro o sustituto










Cuando mis amigos se enteraron de mi partida, más de uno me dijo:
- ¿A Norteamérica? Eso está muy lejos...
- ¿Lejos de dónde? -, contestaba yo que siempre he sido partidaria del diálogo socrático.
- Pues, lejos de aquí.
- Ya. Estaré lejos de aquí, pero bajo mi perspectiva, estaré cerca porque ya estaré allí que es a donde voy. Lo que para ti es lejos, para mí es cerca.
Siempre me he sentido cómoda en cualquier sitio, ni siquiera extraño las camas.
No sé cómo no me mandaron a "tomar viento a la Farola", que es lo que decimos en Málaga cuando queremos mandar a alguien a paseo. Supongo que sería porque acababa riéndome de mi misma y del galimatías gratuito. Era para divertirme. Las caritas que ponían eran realmente cómicas.
Algo radicalmente distinto a lo de aquí, era la gastronomía. Fundamentalmente carne al horno y en barbacoa, verduras cocidas, muchas ensaladas y, - esto fue lo que me gustó - cantidad de productos envasados. Para casi todo. Masas de pan y bollería refrigeradas para comerlas recién horneadas, mezclas secas para pan-cakes y bizcochos a los que sólo había que añadir los elementos húmedos, y los helados a todas horas. Cremosos de infinidad de sabores y olores, qué maravilla de colesterol. Como nunca me ha gustado la Coca-Cola ni el queso, ahí fue cuando empecé a notar que me iban a mirar para siempre como a un bicho raro, qué se le va a hacer.

Pasar a un cuenco grande
Ir mezclando la harina en tres veces 










Al principio, eso de tener las cosas semi-preparadas para cocinar, estaba bien. Luego me cansé, siempre sabía a lo mismo, había poco margen para la improvisación. Un día de invierno que estábamos mi hermana Rosa y yo en casa, se me ocurrió hacer rosquillas como las españolas con huevos, leche, azúcar, ralladura de limón y harina. Yo no sabia la receta, Rosa mucho menos, que todavía compraba la mayonesa en bote hasta aprender a hacerla con la batidora, acontecimiento  que sucedió como veinte años después; y rebuscando en la biblioteca encontramos el famoso libro de cocina de la Sección Femenina. En aquél tiempo no había otra cosa. Bueno, sí. Teníamos el flan chino Mandarín, como prueba de modernidad, menos da una piedra.

Llenar el molde
Marcar líneas en la superficie











- Estupendo. Esto viene en gramos y litros y aquí los pesos son para galones y onzas.
- No hay problema - dije yo -, buscamos en el diccionario la equivalencia y asunto arreglado.
- Y el aceite de oliva para freír, ¿qué? Porque aquí es carísimo.
- Pues usamos Crisco con una cáscara de limón, mujer...
Yo ya tenia que hacer las rosquillas como fuera. Nos pusimos a calcular y para no aburrirnos, me puse a imitar a la cocinera de casa, cuando se daba golpecitos con el índice en la comisura de los labios para pensar, o cómo se hablaba a sí misma: "a ver, Tata... entonces un galón es... 3,800 gr más o menos... Así que 1000 grs serán... ufff" Y venga a presionar con el dedo un lado de la boca con los ojos mirando al techo. Entre risas y ocurrencias hicimos las operaciones que se reducían a sencillas reglas de tres, elaboramos la masa y calentamos el Crisco.

Ya horneado
Enfriar boca abajo










Salió una masa perfecta, olía igual que la de casa. Sólo un inconveniente: nos encontramos con una cantidad de masa ingente. Una barbaridad. Las proporciones estaban bien, pero no habíamos controlado el peso final. Estuvimos friendo rosquillas hasta la noche y tuvimos que ir a comprar más Crisco. Todos los vecinos de la calle recibieron rosquillas de regalo que llamaron "mini doughnuts" inmediatamente,  y nunca más se nos ocurrió volver a hacerlos, aunque nos los recordaban de vez en cuando.

Pasar una espátula por el borde exterior
y por el tubo central
Despegar también la base











El primer angel food cake que hice fue allí, de una marca envasada. En cuanto pude, me hice con la receta original aunque hay muchas, y aquí está. Nada de grasa, pocos hidratos de carbono, pero mucho azúcar. Suelo sustituir la mitad del peso de azúcar por fructosa. No es el caso de hoy que viene con toda su dulzura.




Angel food cake (bizcocho de claras)

Ingredientes.

12 claras de huevo a temperatura ambiente.
125 grs de harina floja (de repostería).
300 grs de azúcar blanquilla, no hace falta que sea glace.
1 cucharadita de cremor tártaro, o 2 cucharaditas de zumo de limón recién exprimido, o 2 cucharaditas de vinagre de vino blanco.
1/2 cucharadita de extracto de vainilla. Usad uno de buena calidad, merece la pena.
Una pizca de sal.
  • Un molde de angel food cake.
  • Kitchen Aid o similar para batir. No es imprescindible, pero ayuda. Usar la varilla.


Elaboración.

Precalentar el horno a 180º calor arriba y abajo sin ventilador.
Cernir sobre un cuenco dos veces, la harina con media taza de azúcar aproximadamente y el pellizco de sal. Reservar.
Colocar las claras en el cuenco de la KA o en un cuenco suficientemente amplio si se va a hacer a mano. Batir a velocidad media hasta que las claras estén espumosas. Incorporar ahora el cremor tártaro o el zumo de limón o el vinagre. Subir poco a poco la velocidad hasta que se formen picos e ir añadiendo entonces el azúcar poco a poco hasta formar un merengue firme. 
Añadir ahora el extracto de vainilla.
Retirar el cuenco de la máquina, caso de haber utilizado la KA o descansar el brazo caso de haberlo hecho a mano.
Volcar poco a poco, en tres veces aproximadamente, la mezcla de la harina, el azúcar y la sal tamizada. Integrar todo con una espátula de silicona con movimientos suaves y envolventes para que no se baje la preparación.
Llenar el molde sin engrasar (esto es importante). Dibujar con un cuchillo o similar unas líneas en la superficie para prevenir agujeros de aire. A mí esta vez, esto no me ha salido muy bien. Sólo es una cuestión de estética.
Entrar al horno a 180º durante 45 minutos aproximadamente. 
Enfriar boca abajo si el molde tiene patas. En caso contrario, sobre una rejilla. 
Para desmoldar, pasar una espátula por abajo, los bordes exterior e interior y colocar en el plato de presentación.
Se puede servir tal cual, o con cualquier cobertura que nos guste.


Nota.  En honor a D. Miguel de Cervantes en el cuarto centenario de su muerte.