martes, 1 de julio de 2014

Ensalada malagueña y el proceloso mundo de las telecomunicaciones



 Parece ser que una Central Telefónica es un sitio donde van los cables de los abonados, como los ríos que van a dar a la mar que es el morir, que diría Jorge Manrique en "Coplas por la muerte de su padre", y allí tienen lugar los enlaces de comunicación y otros procesos de los que no entiendo, ni falta que me hace. Que eso es lo que yo creía, hasta que la central telefónica donde están los cables de mi teléfono fijo, ardió. Se quemó un sábado y se produjo lo que llaman una incidencia. Pues será una incidencia,  pero es un latazo horroroso: el teléfono se quedó mudo y la conexión a Internet desapareció. Y comenzó la parte 'que es el morir', o Síndrome del Hotel California donde una vez que entras ya no puedes salir; te instalas en una especie de bucle maligno que no tiene fin.

Limpiar de sal el bacalao
Asarlo sobre la llama
Llamé al 1004 y ahí me dijeron lo de la incidencia, yo creía que era una avería, pero bueno. Una señorita me preguntó si el problema era en la línea de voz o en la de datos. 
- Pues... que no tengo línea en el teléfono, ni acceso a Internet, eso es lo que me pasa.
- Si, pero ¿su incidencia es acerca de la línea de voz, la de datos, o ambas?.
- Mire, que no funciona nada, que está todo muerto, que no sé yo cómo se llama eso, que no estudié Telecomunicaciones porque en mis tiempos no había, y de todas maneras no me gusta. Así que usted verá cómo le llama, yo quiero conectarme a Internet y hablar por teléfono como siempre.
- Bueno, entonces las dos - sentenció.
Mientras tanto, cocer las patatas
Poner en agua un par de horas
Que en 48 horas todo lo más la incidencia estaría solucionada. A los cinco días de incidir todo el tiempo, me compré un pincho USB y por lo menos pude usar el portátil, aunque iba tan lento que cada vez que intervenía en los foros  profesionales donde estoy dada de alta, cuando salía mi comentario ya habían pasado a otro tema. A punto estuve de cambiar mi nick por el de tengounaincidencia.
Estuve llamando a averías y ya no salía nadie, directamente te enchufaban una grabación donde no había opción a hablar, sólo podías pulsar 'uno para ésto'; 'dos para lo otro'; 'tres para lo de más allá'... 
A las dos semanas, sonó el teléfono, qué nervios.
- ¿Diga?
- ¿Pili?
- Ay, lo siento pero aquí no hay nadie que se llame así.
- Perdone.
- No pasa nada - dije yo un tanto desilusionada. 
Y sonó el teléfono de nuevo.
- ¿Diga?
- ¿Pili?
- Ah, es usted otra vez... pues sigue sin haber ninguna Pili por aquí, ya le digo. ¿No le habrán dado mal el número?
- Pues no creo, Pili es mi sobrina, hija de mi hermana Mª Luisa, llevo llamando a este número muchos años. ¿Ese no es el 952 xx xx xx?
- Uh, no se parece en nada... No sé qué pasa, desde que ardió la central telefónica esto está desastroso.

Colocar sobre las patatas cocidas, la cebolleta y la naranja
- Pues vaya... en fin, perdone otra vez.
- Nada, no es culpa suya, mujer.

Llamé a mi número desde el móvil, y ni un tono. Muerto. Ploff. Desaparecido en el ciberespacio, dando vueltas con la perrita Laika, la del Sputnik, qué pena.
El día siguiente, otra vez una llamada. Era Antonia, la tía de Pili y hermana de Mª Luisa, que probaba a ver si ya podía hablar con la familia. 
Me contó su vida, y hablando, hablando, nos enteramos que Pili, su madre Mª Luisa, su padre Paco y yo, éramos vecinos. Muy amena, Antonia. Como ser amable no cuesta nada, y dado que llamaba casi todos los días, yo le contaba si Pili y sus padres estaban bien, información que me pasaba el conserje para que Antonia estuviese tranquila, que llamaba desde el pueblo y no tenía ni móvil ni nada.

Añadir las aceitunas, aliñar y remover

El único esquinado de esa familia resultó ser Paco, el padre, que me llamó un día.
- ¿Es usted la que tiene mi número de teléfono?
- Bueno, vamos a ver: yo soy la que contesta cuando alguien marca su número de teléfono, que no es lo mismo.
- Da igual. Quiero advertirle que como aproveche usted que tiene mi teléfono (y vuelta la burra al trigo...) para hacer llamadas de esas que cuestan un pastón, la demando, que me voy a dar cuenta cuando llegue la factura.
- Mire usted Paco, que sé que se llama así porque me lo ha dicho su cuñada Antonia que me llama a menudo: ¿De verdad usted piensa que he estado toda mi vida esperando a que ardiera la Central para llamar a Kathmandú, Anchorage o San Petesburgo? No tengo necesidad de hacer nada de eso,  a ver si va a resultar que se cree el ladrón que todos son de su condición; que no se puede ser tan grosero, hijo mío.
- ¡Oiga, no insulte!
- Hala, demándeme por insultos. Y que sepa que ya no le digo más a Antonia cómo están Pili y los demás, que agarre el autobús y baje del pueblo. ¿Será posible? ¡CLONCK! Colgué.

Servir

Así que llamé a otro operador de telefonía, ellos me gestionaron todo, cambié a fibra óptica y me arreglaron lo del número de teléfono, que lo tenían todo hecho un asco desde el incendio o incidencia y se acabó la historia. El conserje me dijo que este Paco era un poco bruto. No lo pongo en duda.





miércoles, 28 de mayo de 2014

Albóndigas de choco en salsa de curry suave y una historia del CSI.


Estaba yo hace una semana tan tranquila pensando en mis cosas, cuando sonó el teléfono. Era mi amiga Mónica.
- Ay, Maricruz, que acabo de llegar de Barcelona y cuando he subido a casa me he encontrado la puerta reventada, ¡me han robado!
- Anda ya... Si tú tienes una puerta con no sé cuántos anclajes y de madera maciza...
- Pues han debido meter una palanqueta o algo así, está toda destrozada y la casa revuelta. Estoy muy nerviosa.
- ¿Has llamado a la Policía? ¿Y Hugo, dónde está? Y sobre todo, no toques nada- Hugo es su pareja pero cada uno vive en su casa. Han estado unos días visitando Barcelona y acaban de volver.
- Hay una patrulla de camino. Hugo está en su casa, viene para acá también. Qué disgusto.


Como aparecieron los de la patrulla, la dejé con ellos y la fui llamando a ver cómo iba la cosa.
- Mónica ¿Cómo va todo?
- Los de la patrulla le hicieron una foto a mi carnet de identidad y la mandaron a la Central, como en las películas, oye.
- ¡Qué fuerte! Tú no seguirás teniendo ese DNI en el que sales con un ojo morado y con un aspecto lamentable de cuando te robaron en el metro de Madrid, que te desmayaste de la impresión y un señor te avisó de que tenías una lentilla en mitad del pómulo cuando te reanimaron ¿no?- Ahí fue cuando ya nos dio la risa porque a Mónica le robaron dos veces en el metro en Madrid, una de ellas le rajaron el bolso, le quitaron la cartera y ni se enteró. Seguro que la tienen en el fichero de 'Cacos Sin Fronteras', siempre le toca a ella, que ya sólo le falta que la asalten por la calle estilo Manos-arriba-esto-es-un-atraco, alguien con antifaz y camiseta a rayas horizontales.

Lo de la risa no es por los atracos, es porque cada vez que tenía que enseñar el carnet en cualquier sitio, se liaba a dar explicaciones de porqué tenía esa pinta de haber sido atropellada por un autobús.  La gente ponía unas caritas que no veas y a punto estaban de darle el pésame y todo.


- Y están aquí los de la Policía Científica, tomando fotos y huellas dactilares.
- ¿¡Qué me estás contando!? ¿Y van con los monos blancos y los plásticos en los pies como en el CSI? 
- No, pero vienen con un especie de caja de herramientas, han sacado los guantes, una lupa y el polvo para las huellas. Lo están poniendo todo perdido de un polvo negro que dan con un pincel, no es blanco como en las pelis. Te dejo que ha llegado el cerrajero.

Al filo de las ocho de la tarde, fue ella quien llamó.
- Esto se ha puesto interesante de verdad. 
- No me digas más: ha estado Grissom.
- Que no mujer, déjate de bromas. Ha venido un inspector y ha dicho que hay una banda por aquí, que entran en las casas cuando no hay nadie. Ya han robado en seis o siete casas.
- Eso te pasa por vivir en un barrio tan postinoso... ¿Y el cerrajero?
- Ha hecho un apaño hasta que los del seguro coloquen una puerta blindada. Ah, y no veas el ratito que he pasado cuando Hugo, que como es argentino habla un español del siglo XVII, le ha dicho muy serio: 'ya ha estado aquí el herrero'. Y yo he pensado: 'osti, a que va a resultar que tengo caballos y no me he enterado...'
Y claro, vuelta a reírnos y Hugo que no daba crédito a tanto jijí-jajá.
Total, que al final ha contratado una empresa de alarmas anti-robo, con cámaras de vigilancia, posibilidad de activar y desactivar desde el móvil, puede ver y oír lo que pasa en todo momento... sólo le falta una habitación del pánico, qué moderna.
Y le han puesto un cartel la mar de cantoso al lado de la puerta con el nombre de la empresa. Yo le he sugerido, que ya que está, coloque otro cartel que diga: "los vecinos tienen cosas mejores; a mí ya me han robado". Pero dice que a lo mejor a los vecinos no les hace gracia.

Albóndigas de choco.
Ingredientes.

500 gr de choco (sepia, jibia).
2 huevos.
1 cebolla.
2 dientes de ajo.
1 tomate sin piel ni pepitas y troceado pequeño.
Fumet de pescado.
1 cucharada sopera de curry suave.
Pan rallado.
Perejil.
Aceite de oliva.
Sal.

Elaboración.

Trocear los cuerpos de los chocos a cuchillo o en la máquina de picar.
Colocarlos en un cuenco grande con media cebolla, los dos ajos y perejil al gusto, todo muy troceado. Salar.
Añadir los dos huevos batidos y el pan rallado suficiente para que amalgame, procurando no excederse para que la masa quede suave y no se endurezca.
Dejar reposar unos 30 minutos.
Formar las albóndigas con las manos mojadas en agua, la preparación estará algo pegajosa. Pasarlas por pan rallado y freírlas hasta que estén doradas. Reservar.

Para la salsa:
Calentar unas cucharadas de aceite en una sartén o cazuela, y freír la cucharada de curry. Ahí mismo, hacer un sofrito con la media cebolla restante bien picada, los ajos y el tomate. Cuando esté listo, añadir una cucharada de harina, rehogarla bien. A continuación el fumet de pescado y calentar.
Introducir las albóndigas y cocer hasta que estén tiernas.
Las he acompañado de arroz basmati con pasas hidratadas en te caliente, orejones y piñones tostados.

Hoy no hay paso a paso ni video. No hice las fotos del proceso... 



domingo, 18 de mayo de 2014

Alubias blancas guisadas con codorniz en escabeche y el Juanito


Fue un amor a primera vista, un flechazo, la respuesta a mis oraciones. Allí estaba, en el gran centro comercial, blanco inmaculado, fuerte y al mismo tiempo suave, con gran apostura y capaz de hacerse cargo de todo lo que a mí me incomoda: era el cubo de basura perfecto; el que siempre estuve buscando. De 50 litros de capacidad, que no entiendo el porqué de los litros, ya que líquidos es lo último que se debe tirar a la basura y además, me hago un lío al comprar las bolsas que vienen por tamaño en centímetros y todavía soy incapaz de averiguar cuántos litros caben en 52x60 cm. El que teníamos era de 20 litros, de modo que compré este y al día siguiente lo llevaron a casa.

Y aquí está
Aquí cuando estoy guisando





















- ¿Y esto?-, dijo Natacha al verlo.
- El cubo de basura nuevo- contesté más contenta que unas Pascuas.
- Ahh... ¿Y aquí por dónde...?- preguntó mientras le daba la vuelta.
- A ver, por esta ventanita, se tiran las cosas pequeñas y cuando esté guisando, se levanta todo y aparece el cubo abierto. Mucho más cómodo. Y cada vez que meta un limón pocho, o una patata o algo así desde lejos, gano tres puntos-. Tuve que explicarle que esto último era broma, que no íbamos a organizar ningún concurso de triples en la cocina porque empezó a mirarme de una manera...



Desde entonces, todo el que llega se fija en el cubo y se asombra.
- Uhhh... ¿eso qué es?
- ¡Madre mía! ¡¿Qué es eso?!
- ¡Qué barbaridad! Es como un supositorio gigante.
- ¡Anda! Como dicen en mi pueblo, si sólo le falta hablar... - soltó Antonio cuando lo vio uno de los muchos días que viene a estar con nosotros.
Y yo tan divertida con los comentarios. -¿A que parece R2D2, el de la Guerra de las Galaxias?-
Cuando llegó Mari Carmen a pasar un finde, rápidamente dijo que era Obi Wan Kenobi.
- Mujer, ése era un humano, caballero Jedi por más señas y el personaje lo interpretó Alec Guinness.
- Bueno, da lo mismo.











Yo, acordándome de lo que había dicho Antonio, que sólo le faltaba hablar y como lo de "Wan" suena a "Juan" en español, decidí que lo íbamos a llamar Juanito. Hay quien cosifica a las personas; yo personalizo las cosas, manías que tengo.  Y como R2D2 es más difícil de pronunciar pues Juanito.
Cuando recogemos la cocina, si alguien pregunta,- ¿Esto dónde va?
- Eso, al Juanito- lo más normal del mundo.
Hace unos días, estaba yo trabajando en mi despacho y llegó Natacha poniendo su dedo índice entre mis gafas de leer y el teclado.
- ¡El Juanito me ha mordido!- Había tirado algo por la ventanita y se le atascó el dedo.
- Pues nada, ahora mismo voy y lo saco al patinillo al lado de la lavadora para que piense en lo que ha hecho.

Alubias blancas guisadas con codorniz en escabeche.
Ingredientes.

Alubias cocidas de bote de buena calidad.
1 l. de caldo de pollo o de verduras. En este caso, de pollo.
1 bote de muslos de codorniz en escabeche, especial para ensaladas.
1 cebolla grande.
1/2 cabeza de ajos.
Pimentón dulce.
Tomates secos rehidratados en aceite de oliva virgen extra *
Tomillo o romero.

Elaboración.

Disponer en la cazuela la cebolla, el tomillo, las alubias lavadas y escurridas, 3/4 de l. del caldo de pollo y 7 u 8 tomates.
Llevar a ebullición y mantener a fuego medio hasta que espese.
Hacer un sofrito con los ajos pelados y cortados y una buena cucharada de pimentón dulce.
Añadir al guiso y ajustar de caldo con el 1/4 de l. que hemos reservado.
Deshuesar los muslitos de codorniz y volcarlos sobre la cazuela.
Calentar a fuego suave y servir.

* Estos están preparados con: Ajos enteros pelados, tomillo, romero, mejorana, hojas de laurel, guindillas, pimienta negra en grano, sal y aceite de oliva virgen extra. 







lunes, 5 de mayo de 2014

Sardinas marinadas sobre crujiente de hojaldre roto con manzana asada, y el Reto de Canal Cocina


A Lope de Vega, Violante le mandó hacer un soneto y los de Canal Cocina enviaron a los blogueros cocineros un correo invitándonos a participar en un concurso: Reto Canal Cocina de recetas por 5 €.
Yo, tan contenta dije que sí y en mi vida me he visto en tal aprieto, igual que Fray Lope de Vega y Carpio por otros nombre conocido como El Fénix de los Ingenios o Monstruo de la Naturaleza, que ya suena un poco fuerte, la verdad.

Y es que me ha pasado de todo. Primero, me olvidé de subir que aceptaba el reto antes del día 7 de abril y cuando lo hice, resulta que no hubo manera de que pusiera el hashtag como es debido. Desde #retocanacocina, que le falta la 'l',  hasta #Retocanalcocina, he puesto de todo menos #RetoCanalCocina que es como había que ponerlo, cosas de no estar en lo que hay que estar que yo, cuando me despisto lo hago en condiciones, no de cualquier manera.

Hasta hoy día 5 de mayo, dos días antes de que acabe el plazo para publicar la receta, no he podido meterle mano al asunto, cosas de estar en cuarenta sitios a la vez que aparte de ser imposible, es muy inoperante. Ya lo dice el refrán: quien mucho abarca, poco aprieta. Como no soy Fénix de los Ingenios ni de nada ni falta que me hace, aquí estoy con la sensación de que me pilla el toro, se me acaba el tiempo, me quedo con la receta sin concursar, compuesta y sin novio, todo al mismo tiempo. Para colmo, no sé qué ha pasado con la web de Canal Cocina, que me dice que ha habido un problema para subir la receta, que lo intente pasados unos momentos. Pues creo que ya no me quedan muchos momentos. Si no fuera porque tengo mucha calma me agobiaría, pero no me agobio que eso es muy malo.
A ver si hay suerte y me entero de qué pasa con la web y mi receta. Mientras tanto, la pongo aquí para disfrute de todos.


Sardinas marinadas sobre crujiente de hojaldre roto con manzana asada.

Ingredientes.


250 gr Sardinas frescas
250 gr Masa de hojaldre congelada
100 gr Tomatitos Cherry
7 Dientes de ajo
3 Limones
Aceite de oliva virgen extra
Sal en escamas


Elaboración.

Limpiar las sardinas, quitarles la espina central y desangrarlas unos minutos en agua fresca.
Preparar la marinada con el zumo de los limones, sal, los dientes de ajo pelados y golpeados, un poco de agua y las cáscaras de los limones troceadas. Dejarlas un mínimo de tres horas.
Mientras tanto, descongelar el hojaldre, bolearlo y extenderlo con el rodillo en una lámina muy fina. Pincharlo y pintar con aceite de oliva.
Entrar al horno precalentado a 200º durante 15 minutos o hasta que esté dorado y crujiente.
Despepitar los tomates y cortarlos en brunoise fina.
Sacar las sardinas de la marinada, escurrir ligeramente, separar los lomos y cortarlas cuadrándolas al mismo tamaño.
Cortar el hojaldre con las mismas medidas que los lomos de las sardinas.
Montar el plato colocando una capa de tomate sobre el hojaldre, encima los lomos de sardina, pincelar de aceite con mucho cuidado y espolvorear con sal en escamas.
Acompañar con rodajitas de manzana reineta asada.






martes, 1 de abril de 2014

Espaguetis en salsa de almejas, Pizza Pino y La Pantera Rosa


Parece ser que a todo el mundo le gusta la pasta, menos a mí que le tomé manía en mi primer embarazo a raíz de unos espaguetis que comí con el estómago levantado y todavía me dura. Entre eso y que tampoco me gusta el queso, mejor que no me invitéis a ninguna pizzería que si hay que ir voy pero no me encanta especialmente y además nunca sé qué pedir. Siempre soy la rara del grupo.
Pues como la vida es muy absurda, resulta que pusieron un Pizza Pino en la placita de mi urbanización, qué monería. O sea, te asomas a la terraza y allí están  ellos con su horno para las pizzas, su comedor, su mostrador y sus mesitas fuera llenas de gente comiendo pasta, pizzas, mirando el mar y de paso hablando a gritos con los niños correteando, que a los nenes hoy en día no se les puede decir que se estén quietos, no se vayan a contrariar.












Y mira que a mí me gusta una bulla más que a nadie, pero a ciertas horas y con gente extraña no es lo mismo. Por ejemplo, las siestas en verano con los cánticos de cumpleaños feliz, los brindis, la apertura de regalos. O las comidas de empresa, la gente con las copas se desinhibe una barbaridad, os lo digo yo. Y venga con los flashes de los móviles haciendo fotos a todas horas.
 Los sábados por la noche en cuanto entra el buen tiempo que aquí va desde abril hasta mediados octubre, es un no parar. Primero vienen los que cantan boleros más o menos a las once de la noche y si estás tomando un te o una copita en tu terraza tampoco está tan mal, aprovechas para canturrear Si tú me dices ven, Toda una vida, o Sabor a mí mientras disfrutas del espectáculo, todo muy romántico.











Después, los del Estilo Chunguitos, cantando eso de todos los días paso por tu calle a ver si te veo Carmen, Carmen, Carmen, voy a tener que emborracharme y cosas así. Lo mejor es cuando atacan con aquello de dame veneno que quiero morir, dame veneno. Siempre he pensado que una pizzería no es el mejor lugar para ese tema, sobre todo porque la única vez que comimos ahí pedí unas crepes de postre y me las sirvieron recalentadas. Malísimas. Tuve que protestar y me ofrecieron otra cosa. Eso. Para que me pongan el tiramisú que sobró el día de la inauguración unos cuantos años antes, que yo ya no me fío y siempre pienso que como les dé alguien unas crepes, se van a enterar los de Los Chunguitos.
 A continuación, tenemos un intermedio pero tan pronto como has cogido el primer sueño, te despierta el del saxo. Es el momento Careless Whisper. Entonces es cuando sabes que debe ser medianoche, no tienes que mirar el reloj ni nada. Siempre el mismo repertorio muy bonito aunque un poco largo, y toca bien el saxo soprano pero es que a mí nunca me ha gustado especialmente Kenny G. En cuanto suena La Pantera Rosa, ya te puedes dormir; es la última pieza y los domingos te despiertas tarareando de manera un tanto obsesiva la música del saxo que se queda por ahí rondando entre las neuronas.

No todo son inconvenientes, los del primero que viven justo encima, tienen suelo radiante gratis en invierno; en verano tienen ampollas en los pies si no se ponen las zapatillas de andar por casa. Y si obviamos las dos veces que han tenido que llamar a los bomberos porque salía humo a todo meter, con todos los vecinos fuera, los abuelitos, los nenes, las mascotas y los nervios... era divertido.
Digo era porque se fueron. Parece ser que les subieron el alquiler una barbaridad y ya no era rentable. Los echo de menos, para que veas.


Espaguetis en salsa de almejas

Ingredientes.
Espaguetis. 100 gr por persona.
1 cebolla.
2 dientes de ajo.
2 guindillas.
1 cucharada de harina.
1 vaso de vino blanco.
750 gr de almejas.
Perejil picado.

Elaboración.
Lavar bien las almejas y poner en agua salada media hora mínimo para que suelten la posible arena que traigan. Escurrir.
Trocear la cebolla y los ajos y sofreír en aceite de oliva en una sartén o cazuela baja, junto con las guindillas (son opcionales). Añadir la cucharada de harina y dar unas vueltas para que pierda el sabor a crudo.
Añadir el vino blanco y cuando espese, las almejas. Dejar hacer tapadas, moviendo de vez en cuando.
Cocer los espaguetis al dente, escurrir y salsear.
Emplatar, espolvorear de perejil picado y servir caliente.

Nota. Estas almejas no son salteadas ni a la marinera. En Málaga se llaman "mojete de almejas" y están muy sabrosas preparadas así.





domingo, 9 de febrero de 2014

Tortilla guisada, 'ponme pómulos' y otras frases que siempre he querido decir.


Hay frases que siempre  me han gustado, no por lo que puedan significar, sino porque me han hecho gracia, como: 'siga a ese coche'; '¿Es esto realmente necesario?'; 'esto no es lo que parece'; 'por encima de mi cadáver'; 'yo he venido aquí a hablar de mi libro' o 'ponme pómulos'. Y claro, siempre he querido decirlas, me ha parecido divertido jugar a ver en qué momento venían a cuento y ver la cara que ponía la gente.
Las hay con mayor o menor grado de dificultad, como la de los pómulos. Para decirla tienes que tener alguien que te maquille y eso no pasa todos los días. La primera ocasión que tuve de decirla fue cuando me llamaron de PTV, de un programa local que tenía Diego Gómez, para hablar del Juego Patológico.


Diego Gómez empezó en Radio Juventud de Málaga y era compañero de María Teresa Campos, quien luego dio el salto a la tele y se convirtió en 'chica Hermida', el que retransmitió la llegada del hombre a la luna como corresponsal en EEUU. Diego se quedó por aquí.  A Diego Gómez le gustaba mucho recitar, recuerdo cuando era pequeña su voz declamando en la radio "El seminarista de los ojos negros", una historia decimonónica de un seminarista y una señorita que ve pasar desde su balcón todas las tardes a los seminaristas que van de paseo y, al parecer se enamoran en la distancia y en silencio, hasta que una tarde ve pasar un entierro; era el seminarista que se había muerto, para abreviar. Las españolas de aquel tiempo lloraban a moco tendido por este drama ajeno que siempre es mejor que llorar por los propios. La radio era así.
Pues ese día llegué tan contenta a la entrevista pensando que por fin iba a poder decir los de los pómulos y resultó que no maquillaban a nadie.










 Durante la entrevista y de repente, Diego soltó:
- Y tú, con esos ojos, habrás convencido a más de un jugador para que deje el juego... Había inventado la oftalmoterapia, así como el que no quiere la cosa.
- Uh... Er... Yo... ¡Yo tengo mi título!-  contesté como una boba, mientras pensaba: ahora es cuando va y se lía a recitar lo del seminarista de los ojos negros, me da la risa y me echan. Pero no. Siguió hablando de mis ojos y de los ojos del resto de la gente. Reminiscencias del pasado, supongo.
 Volví varias veces más, pero quedamos en que él no hablaría de mis ojos y yo llevaría los pómulos puestos de casa.
Casi estaba resignada a no tener oportunidad de decir la frase, cuando me llamó alguien del equipo de Domi del Postigo, también ex-chico Hermida, de una emisora de televisión local, esta vez para hablar de las relaciones de pareja. Nos presentamos mis pómulos y yo a la hora convenida y ¡sorpresa! Me pasaron a maquillaje. Cosas de la vida, que cuando menos te lo esperas, salta un maquillaje.




De modo que me vi sentada frente a un espejo, con una maquilladora profesional rodeada de tarritos, pinceles, esponjas y borlas a mi lado y mientras trabajaba charlábamos. Cuando me puso el fondo de maquillaje, llegó el gran momento.
- Ponme pómulos, por favor - le pedí con mi mejor sonrisa.
- ¿Cómo? - preguntó ella a su vez, así como congelada en el tiempo.
- ¿Perdona? - repitió al ver que la miraba satisfecha como si hubiera llegado a la meta de una maratón y estuviera a punto de saludar a un público imaginario, brazos en alto y haciendo el signo de la victoria con los dedos ¡qué momentazo!
- Ay, lo siento, es que esa es una de las frases que siempre he querido decir. Y le conté lo de 'siga a ese coche' y todo lo demás.
- Ahhh...- dijo la pobre con cara de no entender nada.
- ¿Tú no tienes frases así, que te gustaría decir en algún momento?
- Pues no, la verdad - dijo ella pensativa.
- Pues yo sí. Y me quedé tan pancha.
- Bueno, pero ¿Te pongo pómulos o no te pongo pómulos?-, quiso saber ella echando mano de su profesionalidad.
- Venga, ya que estamos...
Al final, nadie se dio cuenta de que me habían puesto pómulos, pero eso era lo de menos, por fin había dicho mi frase que era de lo que se trataba. Todavía tengo pendiente lo de 'esto no es lo que parece', a ver si hay suerte.













Esta es una receta típica de aprovechamiento. Normalmente se hace para aprovechar las sobras de tortilla de patatas, yo la suelo hacer para aprovechar las sobras de las salsas. Ver la receta Aquí

Tortilla de patatas guisada

Esta vez no pongo ingredientes, sólo el procedimiento.
Si no tenemos restos de tortilla de patatas, hacemos una. Con cebolla o sin ella, como más nos guste.
Calentamos la salsa y cubrimos el fondo de una sartén o cacerola. Colocamos encima la tortilla y disponemos el resto de la salsa por encima.
Calentamos a fuego suave y eso es todo.

La salsa de tomate le va muy bien y una salsa de almejas a la marinera, mejor todavía.






sábado, 4 de enero de 2014

Cuscús de cordero... Y esto no es lo que parece...


Yo nunca corrí delante de 'los grises', los de la Policía Armada de tiempos de Franco, como parece ser que hizo la mayoría de este país de una determinada edad. Yo simplemente, me los tropecé un día del mes de febrero en el que el dictador había decretado el último Estado de Excepción que le dio tiempo a proclamar. Durante el Estado de Excepción quedaban suspendidos los pocos derechos fundamentales que teníamos por aquella época. Yo era muy jovencita y lo único que recuerdo es que estaba prohibido el derecho de reunión en las calles - la vía pública que se ha dicho toda la vida-, de más de tres personas; o sea que las familias numerosas tenían que desmembrarse para pasear, supongo; y de manifestaciones, ni hablar.










Íbamos mi madre y yo de compras al centro, así que fuimos a la parada del autobús de la línea nº 11, la que venía de El Palo. Los paleños, que piensan que viven en otro sitio, 'bajan a Málaga', no van al centro como los demás. Y cuando a los paleños les da por bajar a Málaga en autobús, a la altura del Paseo Reding, ya están todos llenos. En consecuencia, si no eres paleño te quedas en tu parada viendo como los autobuses pasan de largo una y otra vez.


Llegamos las primeras a la parada, qué suerte. Pero era uno de esos días de lo-sentimos-pero-vamos-llenos, vaya por Dios. Empezó a venir gente, se formó una cola que crecía por momentos, hacía frío y le dije a mi madre.
- ¿Y si nos vamos a la parada anterior que tendrá menos gente? A ver si así para algún autobús...
Me miró pensativa y eché a andar sin esperar. Mi madre se puso a mi lado. No habíamos dado ni treinta pasos, cuando me dí la vuelta. Los de la cola se habían dado cuenta y nos seguían. Apretamos el paso. Los demás también. Ya éramos más de veinte personas caminando a ritmo de marcha, sin levantar los dos pies del suelo, contoneando las caderas, sudorosos y con cara de pocos amigos.












De repente, dos grises.
- ¿Dónde van ustedes? Parón en seco.
- A la parada del autobús, dije yo poniendo cara de '¿Dónde vamos a ir?'
- ¿Todos juntos? Ya empezamos con las suspicacias.
- Es que en esa parada no paran los autobuses, éramos demasiada gente y como los de El Palo van todos...
- Está prohibido el derecho de reunión en la vía pública, disuélvanse, ordenó uno de ellos, cortándome el discurso y sin atender a más explicaciones. Nos había tocado la pareja de grises que tenía un mal día o los más tontos del cuerpo, una de dos.
- Que no, que no, que esto no es lo que paaaaa...
No pude acabar la frase, mi madre me metió de un puñado en el primer taxi que pasó por allí.
- Esto me pasa por hacerte caso, y a ver cuándo aprendes a no discutir; y con la policía menos que un día nos vamos a meter en un jaleo por tu culpa, niña, bufó mi madre mientras me sacudía agarrándome por un brazo, en eso era toda una experta.



Y así fue como me quedé sin decir una de mis frases favoritas que tengo para decir: esto no es lo que parece. Tengo muchas frases que ya he dicho, aunque esta todavía se me resiste. Pero eso os lo contaré otro día.


Cuscús de cordero

Esta es la receta tradicional y aunque es laboriosa, no tiene nada que ver con el cuscús preparado a base de remojar la sémola con agua caliente. No tengo nada en contra de esto, pero el cuscús que se cuece al vapor toma los sabores de la preparación de carne, verduras y garbanzos. Es el que a mí me gusta.
Por otra parte, maneras de preparar el cuscús hay tantas como cocineros, esta me la enseñó Layla un día que la puse a guisar para que dejara de llorar recordando su Marruecos. 

Ingredientes.
1 kg o 1,5 kg de cordero.
400 gr de sémola de trigo, tamaño medio.
1 cebolla grande.
250 gr de calabaza.
250 gr de zanahorias.
250 gr de nabos.
250 gr de calabacín.
250 gr de garbanzos remojados de víspera.
1/2 col.
1 pastilla de caldo de cordero Knorr (no es imprescindible).
Aceite de oliva.
Sal.
1 manojo de perejil.
Pimienta mezclada con jengibre y colorante a partes iguales.
Guarnición de cebolla caramelizada con pasas.
Almendras fritas.

Elaboración.
Rehogar en cordero en trozos en la olla con un poco de aceite, la mezcla de jengibre, pimienta y colorante. Añadir la cebolla en cuatro trozos, las zanahorias, los nabos, los garbanzos, el perejil, la sal, y la pastilla de caldo de cordero.
Cubrir de agua y cocer a fuego medio.
(Aquí es donde yo le pongo un tapón de corcho para que el cordero se haga antes, pero no es obligatorio, ya es una manía que tengo).
Cuando el cordero esté cocido, añadir la col a trozos grandes y la calabaza troceada. El calabacín se pondrá a última hora para que no se deshaga.

Preparación de la sémola.
Disponer la sémola en una cazuela de barro y rociarla con agua salada fría mientras la frotamos entre las manos hasta deshacer todos los grumos que se forman.
Colocar sobre el colador que encaja en la olla donde se cuece la carne para que se haga al vapor. Si no tenéis una cuscusera o keskés, cualquier vaporera sirve, siempre que encaje bien.
 Se puede hacer agujeros con el mango de una cuchara de palo para facilitar la entrada del vapor. No es necesario.
A los 10 ó 15 minutos, retirar el colador y volcar la sémola sobre la cazuela de barro. Volver a frotar entre las manos añadiendo más agua salada.Volver al colador sobre la olla.
Repetir la operación una segunda vez.
En la tercera y última vez, volcar un poco de aceite de oliva en el hueco de la mano para frotar la sémola, en vez de agua salada.

Para la guarnición de cebollas con pasas y las almendras. Opcional.

1/2 kg de cebollas en juliana.
250 gr de pasas de corinto.
Azúcar.
Canela.
200 gr de almendras.

Disponer la cebolla en una cazuela y cubrir de agua. Sólo cubrir, no queremos que anden nadando por allí. Cocer a fuego alto, moviendo de vez en cuando y destapada para que evapore el exceso de agua.
Cuando esté cocida, añadir azúcar al gusto, pero en este caso, más es más. Y canela también al gusto.
Lavar las pasas y añadir.
Tapar y dejar hacer a fuego medio hasta que esté todo caramelizado. Reservar en un cuenco.
Freír las almendras aparte y colocarlas en un cuenco.

Emplatado

En una fuente grande y redonda, colocar la sémola en forma de montaña. Cubrir con los trozos de cordero, las verduras y los garbanzos.
Colar el caldo y disponer en una sopera.

Servir

En cada plato, una ración de sémola con uno o dos trozos de cordero y las verduras correspondientes.
Regar con un cucharón o dos de caldo.
Poner una cucharada o dos de la cebolla con las pasas.
Adornar con un puñadito de almendras fritas.

Nota: Me contaba Layla que la guarnición de pasas, cebolla y almendras se ponía cuando el cuscús era 'de fiesta'.